Ciclistas de vocación, ciclistas por obligación

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Dada la singularidad del oficio ciclista, no soñamos con encontrar aquello de “equipo busca..” en cualquier clasificado que ojeemos en nuestra prensa, es innegable que muchas veces surge de una vocación aderezada con grandes dosis de sacrificio y con los años ingentes tragaderas.
Dicho esto, y con la perspectiva que nos otorga el pelotón, conviene trazar diversas líneas que dibujen los diferentes perfiles, dada su pasión, que pueblan las carreras. En otras palabras, el ciclismo es para algunos todo, hobby, pasión, “way of life” y encima trabajo, para otros este último término emerge primero, y luego, de haber sitio, lo otro. Dos cántabros se me ocurren a la hora de dibujar este último perfil. Juanjo Cobo por ejemplo quien se sació tras ganar la Vuelta recordando que esto no era más que un “modus vivendi” cuyo nivel de presión y exigencia le provocó un tremendo bajón psicológico. Es paradójico sentir de Cobo estas palabras en el seno de un equipo dirigido por un personaje, Matxin, quien hizo hace mucho de este deporte el hilo de su vida.
Otro que antecede cualquier comentario diferente es Oscar Freire. El tricampeón, que mucho me temo se quedará en este estatus, ha sido uno de los ciclistas con mayor proyección crítico sobre el deterioro de la profesión, y ello ha dinamitado las bases de esa pasión que interpreto alguna vez debió sentir. El colmo del chaval de Torrelavega lo presencié el día que me aseguró que él a su hijo nunca le recomendaría ser ciclista, que para llegar donde él alcanzó hace falta demasiada suerte y que encima son “muchas las putadas” que siembran tu camino. Freire nunca convino la bajada de pantalones de parte del colectivo ante el acoso del dopaje. Los “where abouts” trincaron su paciencia.
A Freire no le puede entender por ejemplo Joaquim Rodríguez. El tostado y chisposo ciclista de Parets del Vallès lo admite sin tapujos: “Vivimos de puta madre, trabajamos en lo que nos gusta y ganamos dinero”. Claro y transparente Quim sí que le diría a su hijo Pablito que sea ciclista por que su padre lo ha sido y de ello llena el 99% de su día a día. Sus entrenamientos de ermitaño en los valles andorranos, sus múltiples sacrificios y la terrible presión a la que es sometido dada su condición de líder en un equipo de enorme exigencia son para él caramelos de la vida. Como Joaquim podríamos ubicar a unos cuantos, que a su innegable pasión por este deporte añaden tesón y echan los restos por mejorar su rendimiento. Uno de esos es sin dudarlo Alberto Contador, también lo fue Carlos Sastre, incluso Lance Armstrong. Y es que el ciclismo como todo en la vida, hay muchas formas de disfrutarlo, de vivirlo e incluso de mostrarlo. Unos y otros contribuyen a hacerlo grande, cada uno a su manera. 

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