Ciclistas que fueron emperadores, califas, zares y hasta Napoleón

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Muchos motes explotan títulos reales, de nobleza, de grandes personajes de la historia. Apodos “de galones”, de grandes cargos, para engrandecer la épica de muchos corredores. Ese es el caso de “Napoleón” Henry Anglade, Eugeni Berzin “El Zar”, “El Califa” Djamolidin Abdujaparov, el esprínter uzbeco que tumbaba la bici en los sprints como el doble de los demás, a Sean “King” Kelly, el mítico “Casero irlandés” que ganara 7 ediciones consecutivas de la París-Niza, dejando las brumas de su país para triunfar en “La Carrera del Sol”. Conocido como “El káiser” tenemos al alemán Jan Ullrich, a “The boss” (el jefe) en Lance Armstrong, a “El Príncipe” Frank Vandenbroucke (“VDB”), al malogrado británico “Mayor” Simpson, a Georges Speicher como “El rey de Monthlery”, vencedor del Tour del año 33, y destacables son los belgas Rik: Van Steenbergen (1943-1966) conocido también como “The boss” y “Rik I, el grande” y su “sucesor”, Van Looy, “Rik II, el emperador de Herentals”. Otros motes de este tipo pueden ser los del danés Bjarne Rijs, “El vikingo”, o “Tarzán” Ramón Sáez, corredor español de los años 60 de gran corpulencia y envergadura, esprínter de fuerza bruta que fue bronce en el mundial de ruta del año 67, detrás de Merckx y Jansen. No faltan tampoco los gladiadores como “Espartaco” Cancellara, todo un hércules para sus 186 cm de altura repartidos en sus 80 kg de puro músculo, o Stefano “Maciste” Zanini, el ciclista italiano conocido como el héroe cinematográfico de fuerza descomunal, que lograba hazañas que los hombres ordinarios no podían conseguir.

El “califa” Berzin

Como curiosidad, encontramos un par de motes de dos ciclistas que comían gran cantidad de galletas durante las carreras: “Triqui” Beltrán, por el personaje de Barrio Sésamo el monstruo de las galletas, o al recordado Alberto Fernández “El galleta”, ídolo de los 80 que vivía con su familia en Aguilar de Campoo, donde el producto estrella eran precisamente las galletas.

Como os decimos, hay apodos para todos los gustos, los que incluso delatan la elegancia, la clase, la belleza, el estilo e incluso la coquetería del ciclista. Podemos hablar del francés Marcel Berthet “El elegante”, a Charly Gaul como “El ángel de las montañas”, al italiano Alfredo Binda como “La Gioconda”, por su elegancia y sonrisa permanente, al suizo Hugo Koblet como “El pedaleur de charme” (ciclista encantador) o “El bello Hugo”, a “Cara de ángel” Paolo Savoldelli, y sin dejar en el tintero, por supuesto, a Mario Cipollini “Il bello”, conocido también como “El rey León”.

No podemos olvidarnos de otros motes que hacen referencia al físico, como Henri Pélissier “Ficelle” (el cordel), por su extrema delgadez, o el caso de Julián Berrendero “El negro de ojos azules”, por su gran tez morena en claro contraste con sus ojos claros, al colombiano “Cacaíto” Nelson Rodríguez, a “El niño” Óscar Sevilla, o el primer gran héroe español, Vicente Blanco “El cojo”, cuando trabajando en unos grandes astilleros sufrió dos graves accidentes: en uno, una barra de metal incandescente le destrozó el pie izquierdo; en el otro, el engranaje de una máquina le atrapó el otro pie, el derecho, sufriendo la amputación de sus cinco dedos. Vicente Blanco pedaleaba prácticamente con dos muñones.

Por una arritmia cardíaca que le obligó a retirarse a Franco Bitossi, se le recordará siempre como “Corazón loco”. Y por su gran parecido a “Il Campionissimo”, tenemos a Franco Chioccioli como “Coppino”, a “Ricitos” en el mítico Octave Lapiz, o “El profesor” Laurent Fignon, escondido tras sus gafas redondas de intelectual.

Franco Bitossi “corazón loco”

Otros sobrenombres de este tipo no eran tan agradables para el corredor que los sufría, más bien despectivos. Así podemos identificar al holandés Gert-Jan Theunisse como “El mono” o “La bestia del pelo largo”, a “El dromedario” a Toni Rominger (¿recordáis su postura en las cronos?), o a “El tití” (el mono más pequeño del mundo”) un feo apodo para el longevo ciclista Lucien Van Impe, profesional nada menos que desde el año 69 al 87, todo un récord, un excelente escalador que participó en 15 ediciones del Tour, no retirándose nunca. Cuando acabó su carrera con 41 años, reconoció a un periodista que su manera de tapar bocas a los que se reían por su pequeña estatura era encima de la bici, como tampoco creemos que le haría mucha gracia a “El bebé de Montcada”, Miguel Poblet, que le llamaran “Sancho Panza”, por ser bajito, un poco grueso, pero con unos cuádriceps muy desarrollados, pero “La flecha amarilla” también cerraba picos, con este último apodo mucho más certero para sus cualidades como esprínter.

Tampoco le gustaría mucho al holandés Joop Zoetemelk, al que acusaran durante mucho tiempo de ser un “chupa rueda” que lo conocieran como “La rata”,  o que a “Beppe” Giuseppe Saronni lo llamaran en sus últimos años como profesional “Il culonne”.

Continuará…

Para ver la primera entrega de apodos ciclistas

Un texto de Jordi Escrihuela