Ciclistas reñidos con la estética

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Reconozco que cuando el señorito se sienta delante del televisor para ver buen ciclismo no siempre sale satisfecho de lo visto. Si una cosa siempre me ha llamado la atención ha sido la estampa y pose del atleta sobre su máquina. Admito, son cuestiones de forma muchas veces, pero en otras tantas tienen que ver con el fondo. Lo sé por experiencia propia, como runner compulsivo que soy, el que mantiene cierta elegancia pasados unos cuantos kilómetros denota fortaleza, si bien no siempre es así. Conozco varios casos de auténticos “ortopédicos” que recogerías a hombros que te sacan de punto con su zancada irregular y figura carente de atractivo.
Pasa algo similar en el ciclismo. No el que más bonito pedalea es el que mejor evoluciona. Me quedó muy grabada esa imagen de donde “don elegancia” Gianni Bugno cuando se despidió de la estela de Miguel Indurain en Sestriete, allá por el 92. No se inmutó, si quiera mostró sufrimiento, pero iba quebrado por dentro, entregado. Idéntica sensación la de otro ciclista con “máscara” que fue Laurent Jalabert, impertérrito en el Tour 1996 cuando camino de la escabechina de Les Arcs se descolgaba de los mejores con cara de póker y bailoteo sobre la máquina. Aunque italiano y francés fueran adalides de caché estético, yo siempre me quedaré con dos, ambos además de nombre Pascal: Richard y Hérvé.
Ahora mismo en la crono de la Panne me ha venido a la mente este tema viento al fortachón alemán Bert Grabsch que por arrastrar parece cargar con las líneas del asfalto en tan cansino desarrollo. Reconozco que son varios los ciclistas que te hacen sufrir en estas lides. El mítico quizá fuera Fernando Escartín, quien trazaba espirales al viento cada vez que la carretera se empinaba, y no hablemos cuando atacaba, por sí llegó a atacar, y con éxito por cierto. Idem decir de Serguei Gontchar, un corredor cuyo apellido ha sido escrito de mil maneras, al modo de la nacionalidad de Tchimil. El ucraniano era un revoltijo de carne sobre la bicicleta pero ganaba cronos, y con solvencia además, si bien sus finales no fueron emotivos. Siguiendo con este paseo de los horrores de la estética veamos a Oscar Sevilla, o Santiago Botero, que bien parecieran andaluces, tirando de tópico, por lo exagerado del pedaleo. Hoy tenemos a Xavier Tondo, otro de los que machaca el eje pedalier en cada ciclo. Sabemos que quiere ensayar cadencia en el velódromo de BCN. ¿Se habrá visto en la tele?

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