Ciclocross nacional: un pasito más

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La caída de las hojas, los primeros frescos, las lluvias más persistentes,… el año empieza  a morir en otoño y las bicicletas de ciclocross se desempolvan en otoño. La campaña del barro, que se gusta llamar, ya está en puertas de arrancar –este sábado ha arrancado de hecho. Lejanos los últimos ecos de febrero, en España incluso algo más, pues Ispaster se compite justo antes del Mundial en enero, ya apetece echarse a la campa, rodear las cintas, blandir la hierba húmeda y gritar a los oídos de los valientes todo el ánimo que nuestra alma pueda proferirles.

Qué diferente aparece la campaña 2012 si la comparamos con la de diez años atrás. El ciclocross en España ha sido tradicionalmente el hermano pequeño y pariente pobre del ciclismo, pero esa torna cambia, paulatinamente, cada año un poco mejor que el anterior. España tiene voz, que no voto, en este universo de tres o cuatro meses.

No sabemos quién encendió la chispa, pero la disciplina ha logrado asentamiento y sosiego para decir que tenemos una campaña apasionante. Lejos quedan los tiempos de David Seco. No cabe duda, de que el de Busturia fue un grande, pero la incertidumbre es sinónimo de expectación y seguimiento, y con él la incertidumbre sobrevolaba las otras dos plazas del podio. El ramillete se ha abierto a tal punto que son muchas las caras que nos llaman la mirada.

Casi en plena retirada, del primer plano me refiero, Isaac Suárez emergió con el maillot rojigualda cuando menos lo preveía. El cántabro defiende una pieza con la que soñó en sus mejores días. Hoy tenemos la sensación que lo mejor para él pasó. La prueba de revalida es para un vasco, espigado, rápido y explosivo llamado Egoitz Murgoitio. Desde el mentado Seco nadie en España se prodigó tanto fuera, y en ocasiones con fortuna. Lástima de ese costalazo en la Ciudadela de Namur, pues ese día podría haber sido un punto de inflexión. Curiosamente para Murgoitio la asignatura pendiente está en casa, donde al margen de Suárez, Javier Ruiz de Larrinaga es el otro grande. Alrededor de ellos una buena ristra de ciclistas procedentes de otras disciplinas que sinceramente enriquecen la modalidad al tiempo que evidencian la necesidad de apostar por ella.

Pues como no ocurre con la pista, el BTT  y la carretera, el ciclocross se margina en esas edades que el ciclismo se aprende como el leer. Una paradoja, sí. Cuando vemos las carencias técnicas de Hermida, Larri o Murgoitio, nos preguntamos por qué estos purasangre con dos piernas y un corazón como los belgas, no se iniciaron antes en esta modalidad. En Bélgica el ciclocross es parte de los libros de texto y ello les ubica en otra esfera.

Y es que aunque parezca que los nuestros progresan, sólo en una carrera donde fallen unos cuantos belgas y todo salga rodado podremos ver a un español en vanguardia. La temporada por eso apunta a celeste –el maillot belga-. Aunque emergen buenas figuras foráneas, aún parecen tiernas frente a una armada que mantiene sus baluartes: Niels Albert, Kevin Pauwels y Sven Nys, esa figura cincelada por un perfecto artista. Con el descuelgue de Zdenek Stybar la cosa parece moverse en clave doméstica. Esperemos que así no sea. Si la modalidad llevará los mundiales a Ultramar, no es la mejor manera de disfrutar de una especialidad universal.

Publicado en el especial de ciclocross de www.elpeloton.net

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