Mundial de ciclocross, la contracrónica

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El reciente Campeonato del Mundo de ciclocross tenía como marco, esta vez, la confluencia del conocido Autódromo de Heusden-Zolder, ubicado en la provincia de Limburgo, al sur de la nación belga en donde se deja entrever una configuración más bien montañosa, acompañada por una de vegetación un tanto densa y a la vez atractiva.

Los organismos oficiales del país han hecho todo lo posible por rendir un justo homenaje a sus ciclistas, a estos ciclistas belgas que tradicionalmente vienen dominando la dura y agotadora especialidad de ciclocross, una modalidad que de años vienen imponiéndose con claridad meridiana. Basta señalar que hasta la fecha, Bélgica ha logrado vestir en veintisiete ocasiones la camiseta irisada de campeón mundial en el campo profesional, que hoy nos ocupa; siguiéndole a la zaga y con evidente desventaja, Francia, acreedora con diez títulos.

Bélgica no pierde el cetro dominador

Cabe consignar que nuestro país vecino, en sus inicios a partir del año 1950, protagonizó un período dorado que se prolongó durante ocho largas temporadas. Esta vez, concretando la cuestión, el encuentro que se desarrolló en un circuito tortuoso, enfangado y resbaladizo por la lluvia intermitente, que impregnó aquellas tierras antes de comenzar la competición, se caracterizó, tal como se esperaba, por la autoridad manifiesta impuesta por los representantes de Bélgica y de Holanda, dueños de la situación a lo largo de las siete vueltas a cubrir que exigía este título mundial en juego.

Wout Van Aert, que ya era favorito antes de salir y que hacía pocas semanas se había adjudicado la Copa del Mundo, una liga que se celebra a los puntos, ha hecho gala de su alto sentido táctico y de sus desenvueltas facultades en esta especialidad del ciclocross que se las trae. Tomó la iniciativa en varias fases de la carrera como dando a entender que tenía plena confianza y autoridad para hacerlo. En esta ocasión, no se le escapó de sus manos la camiseta irisada que el pasado año, bien lo recordamos, perdió en última instancia bajo la astucia desplegada por Mathieu Van del Poel, el perdedor de la presente edición, que, según las encuestas, parecía que tenía todos los números a su favor.

Cabe decir a la hora de balancear resultados que este campeonato se ha caracterizado por el rotundo dominio impuesto por los corredores de Bélgica, que coparon cinco puestos entre los ocho primeros clasificados. Los tres restantes pertenecían al grupo holandés, su antagonista más directo. Ninguna otra nacionalidad se sintió con ánimos para interponerse. Laars Van der Haar, nacido en el país de los tulipanes, debió contentarse con ser el subcampeón, mientras que a continuación puntuaron los belgas Kevin Pauwels (3º) y Sven Nys (4º), y el desilusionado holandés Mathieu Van der Poel (5º), un atleta del pedal que llama a la atención por ser nieto del conocido Raymond Poulidor, al que hemos dedicado hace pocos días un eco de recuerdo y elogio en las páginas de “El Cuaderno de Joan Seguidor”.

Y los españoles estuvieron allí

Noticias no muy halagadoras en torno a los dos ciclistas profesionales españoles que nos han representado en esta exigente contienda. El primero de ellos, que pudo resistir a la tempestad, y lo exponemos de manera un tanto gráfica, fue el alavés y veterano Javier Ruíz de Larrinaga (36 años), que ocupó la vigésimo séptima posición. Mientras que su compatriota Ismael Esteban, oriundo de la provincia de Cantabria, lo hacía en el lugar 32º. En la línea de salida concurrieron un total de senta y nueve corredores, que aspiraban al título, una quimera lejana para la mayoría.

Sobre el título que se acaba de calzar el joven Van Aert (21 años), nacido en la población de Herentals, cerca de Amberes, no hay nada a objetar. Mide un metro con 84 cms. y posee un peso liviano e ideal para afrontar físicamente situaciones de envergadura: 66 kilos. Nos viene a la memoria, el nombre del famoso ciclista de otros tiempos, Henri van Looy, que acumuló mucho prestigio dándole a los pedales. Es oriundo de la mencionada localidad. Quizá en alguna que otra ocasión tengamos acceso para comentar las singularidades de este corredor con el que sostuvimos una buena amistad.

Jean Robic marcó historia

Antes de concluir este comentario, queremos hacer hincapié a modo de anécdota de otro hecho del pasado. Hacemos referencia al que fue popular y malogrado Jean Robic, que se permitió el lujo de vencer en el Tour de Francia del año 1947, y que, posteriormente, se adjudicó el primer título mundial en el calendario oficial establecido de ciclocross. Inscribió su nombre en la tabla internacional en el año 1950. El el chispeante Jean Robic, en cierta ocasión y con evidente orgullo, tuvo la desgracia de perder la vida inesperadamente a raíz de un fatal accidente de automóvil, cuando ya se había retirado del mundo activo del pedal. Era de pequeña estatura y se distinguía por su alto temperamento y carácter sumamente austero. El precursor que usó un casco en la carretera. Era de material de cuero para proteger mejor la cabeza. Por eso se le llamaba en aquel entonces, “El cabeza de cuero”.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada del FB de la UCI

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