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Nos vemos en la cima del Tourmalet

Tourmalet cima JoanSeguidor

Puertos de Montaña

Nos vemos en la cima del Tourmalet

Nos vemos en la cima del Tourmalet

«¿Nunca subirás el Tourmalet…?» espera a vernos en su cima

Hoy nos hemos visto un rato Ibán y yo.

Sí, el “dire” de este mal anillado Cuaderno.

Este fin de semana se va al Tourmalet.

A subirlo en bici, claro.

Será su primer Tourmalet.

SQR – Cerdanya Cycle

Endura LDB Summer 2019 – ROT

 

Envidia sana.

Charlando con él, he recordado mi primera ascensión al mítico puerto pirenaico, el siempre reconocido como “no es el más largo, no es el más duro, no es el más bello”.

Pero sigue siendo el Rey.

Por muchos motivos.

En aquellos años de principios de los 90 había mucha gente -cicloturistas como yo- que andaban más picados con un anuncio de televisión que con su propio cuñado.

Sí, con un anuncio, con un reclamo publicitario.

Los que ya tenéis una edad seguro que sabréis a qué spot me refiero.

Sí, hombre, los cuarentañeros, cincuantañeros, sesentañeros o más.

Más jóvenes no creo que lo recordéis, a no ser que alguien os lo haya explicado.

DT-Swiss 2019

 

Pues como os digo, el personal andaba mosqueadísimo con este anuncio de Aquarius en el que decía: «Nunca subirás el Tourmalet…»

En bici, claro.

Sí, como lo leéis.

Aún hoy, me gustaría haber conocido al iluminado creativo que se le ocurrió semejante idea, que pensó en lanzar este reto que creía imposible para la mayoría de mortales de este sufrido país.

«Nunca subirás el Tourmalet…»

Repetía una y otra vez el anuncio, hurgando en nuestro orgullo y machacando nuestro ego como un martillo a un yunque.

Pero éstos… ¿qué se habían creído?

Daba bastante rabia, la verdad.

No tenían ni idea de que en España se estaba fraguando una auténtica legión de locos aficionados a aquellos locos cacharros a pedales que eran muy capaces de superar ése y otros retos aún mayores.

Como no podía ser de otra manera, por supuesto.

Muchos se sintieron -nos sentimos-, soliviantados y, espoleados por aquel poco acertado anuncio, muchos componentes de clubes ciclistas de todo el país tomaron la decisión, aunque solo fuera por llevar la contraria a aquella advertencia, de ir a la conquista del Tourmalet.

No hace falta decir que muy pronto el anuncio quedó en evidencia.

No tenía sentido alguno.

Suunto 5 –  Summer img1

 

Incluso algunos optaban por celebrar su conquista dejando constancia que lo habían conseguido sin beber ni una sola gota de Aquarius.

¿Y cómo es el Tourmalet? –me ha preguntado Ibán.

Aquí no he podido evitar echar mano de la nostalgia para hablarle de mi experiencia de aquel día cuando, pasando por Saint-Marie de Campan, y respetando la tradición, rellené bidones en la fuente de más prestigio del mundo del ciclismo.

Cómo, partiendo desde aquella población, enfilé mi manillar, sin pulsómetros, ni GPS ni cualquier otro tipo de medición, dirección al Col del Tourmalet, a pecho descubierto, solos el Gigante y yo.

Justo al llegar a Gripp es cuando empezó la fiesta.

Recuerdo que a la salida del pueblo un lugareño, muy amablemente, me deseó “bon courage”, mirándome con algo de compasión.

Pues sí, algo más que suerte iba a necesitar para llegar, pero a ritmo muy tranquilo, regulando mucho, y con todo el mínimo desarrollo metido, despacio, empecé a afrontar las primeras rampas.

Aquellos primeros kilómetros ya no iban a bajar del 9 y el 10 % de desnivel, muy mantenido y muy duro.

Los kilómetros, marcados todos con su porcentaje de desnivel y la distancia que quedaba al puerto, me iban comiendo la moral, pero yo continuaba pedaleando, casi artesanalmente, pero de momento, no me descabalgaba.

Cruz SQR

 

Toda la gente con la que me iba cruzando, ya fuera en bici o andando, me seguían dando muchos ánimos (“allez, allez,…”).

De repente, a lo lejos y muy altos, contemplé los primeros edificios de La Mongie: “¡madre mía! ¡pero eso qué es! ¿hasta allí arriba tengo que llegar?”

Pasé los túneles y aún se podían observar en el suelo las pintadas hechas al paso de la caravana del  último Tour.

La travesía por La Mongie se me hizo bastante penosa, hundido en la tremenda carretera que cruza el pueblo, y es que esta calle, pues no deja de ser una calle más de La Mongie, se me apareció como una rampa increíble, continua, sin descanso, como todo el puerto.

Cuando empecé a salir de este infierno, ya empecé a vislumbrar el paraíso, después de pasar el último purgatorio, y me veía insignificante ante la grandeza y la belleza de estas montañas: el paisaje era espectacular, el esfuerzo también.

Lo único que no me gustó fue el edificio piramidal que rompe con la naturaleza del entorno, pero enseguida lo dejé atrás y ya oteaba el final del Tourmalet: 3 kilómetros para el col.

Pero vaya últimos kilómetros.

Y vaya paellas.

Estaba ya cerca pero aún muy lejos.

SQR – GORE
SQR-Gore2

 

Había gente que se me acercaba y me preguntaban en francés si venía desde abajo: “oui, oui”, les contestaba con cara de pocos amigos.

¡Menuda pregunta!

Entré en el último kilómetro y aquello seguía sin ceder, más bien al contrario, y tuve que acometer otro tramo entero al 9,5%.

En aquel momento me encontraba cansadísimo, pero respiré, miré para atrás, y me recreé con todo lo que había dejado a mis espaldas, porque desde aquel punto se veía toda la subida completa desde La Mongie.

Los últimos metros fueron tremendos.

Me animé algo al ver ya el aparcamiento destinado para coches, señal inequívoca de que estaba a punto de coronar y certificar que, efectivamente, hay llamas andinas en sus laderas.

 

 

Giré a la izquierda y allí estaba el CICLISTA plateado, así con mayúsculas.

Había mucha gente -era el mes de agosto- que me observaban con cara de admiración y es que había algunos que aún me seguían preguntando si venía desde abajo (“oui, oui,…”).

Me recreé en el Col, en aquella historia viva, visitando el bar, la tienda de recuerdos y observando la otra vertiente, bellísima.

Personaliza tu Berria Aero Hydrid 

El Tourmalet, seguirá ahí siempre, inalterable, para que el avezado cicloturista que se acerque hasta aquí escriba su propia historia, su primera vez al encuentro con la épica y la leyenda.

Así pues, acercaros sin temor hasta su cumbre y, de paso, dejaréis en evidencia a aquel absurdo anuncio de Aquarius dedicándole un buen corte de mangas junto al Gigante “Octave”.

¿Dónde si no?

Que ustedes lo sufran con mucho goce.

Endura LDB Summer 2019
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