Cinco nombres para Il Lombardía

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Si el saliera por algún sitio en el otoño ciclista italiano, lo haría por Il Lombardía, por las lomas verdes y serpenteos de asfalto que entran y salen por el borde suizo, que van y vienen, por bosques que mudan, pierden hojarasca y ganan belleza. Mechones ocres, despistados en la inmensidad para envolver, poner escenario a una de las carreras más bellas del año, que no daba los mejores espectáculos hasta que llegaron grandes como Nibali, Bardet y Chaves, para sacarnos del tedio.

El año concluye con dos maratones, el día de antes de Tours, Lombardía nos quitará de la bella costumbre de la siesta con 247 kilómetros, 4000 metros de desnivel y un tramo final, setenta kilómetros que encadena símbolos, muros y descensos trepidantes: Ghisallo, Sormano, Civiglio y San Fermo della Battaglia.

Esta vez toca Como, y se sale de Bérgamo. Como donde el tiempo no transcurre, las nubes se posan sobre las coronillas y el lago engrandece el alma. Un sitio para ser grande, para hacerse grande, para recordar Alessandro Volta y la pila, ahora que muchos hablan de motorcillos.

Y ahí van nuestros cinco nombres y tomadnos en serio, porque en los anteriores monumentos acertamos el nombre de ganador, en caso de duda ved a Sagan en el cinco de San Remo, Gilbert en el de Flandes, Van Averamet en Roubaix y Valverde en Lieja:

Vincenzo Nibali: todo pronóstico pasa por él. Mil veces a la puerta, Vincenzo ganó su primer, y único monumento, en Lombardía. Ganó además última vez que se llegó a Como. Se dice que hay muchos ciclistas que bajan bien, y es cierto, pero que rompan bajando, como éste no veo a ninguno. Con cuatro grandes en el zurrón, un buen palmarés y unas limitaciones en las tres semanas que cada vez son más obvias, Nibali tiene en estas clásicas su nuevo terreno.

Rigoberto Uran: es como Nibali, ha estado a punto de caramelo en algún monumento, pero sin haberse estrenado aún, y a veces ese techo de cristal es complicado de romper. Sin embargo, si de algo sabe Rigo, es de romper límites. Está bien, muy bien, como demostró en la Milán-Turín y ojo que hablamos del segundo clasificado en el Tour, poca broma.

Nairo Quintana: podría cerrar un mal año de una forma inmejorable. Sobre el papel no parece el primer espada, pero en Superga se le vio muy bien. Dos hándicaps le vemos: no es rápido si lleva acompañado y no le vemos lo suficientemente valiente para jugarlo desde lejos. Si el estado de forma es el de Turín, tendría que romper ese molde, no sé si auto o impuesto, que le impide ser el ciclista espectacular que un día fue.

Tim Wellens: es más un deseo que quizá otra cosa. Algo es seguro, atacará, y probablemente será el primero de los grandes y de lejos. Dos cosas nos gustan: ese arrojo y que poco a poco crece en motor. Una nos disgusta, no mide o no acaba de medir bien, pero un día esas exhibiciones que hace en semiclásicas o en el Eneco tienen que tener continuidad en un monumento.

Julian Alaphilippe: ciclista que merece un triunfo grande porque acostumbra a ser de los que se esconde. Comparte capitanía con un corredor que sabe lo que es ganar aquí, Dan Martin, pero la forma del galo fue suficiente para poner en jaque el mundial en la última vuelta, imagínanos lo que cuesta eso. Como Wellens a veces le pueden las ganas, pero ganar un monumento exige más que buena voluntad.

Imagen tomada del FB de Il Lombardia

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