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Entre clásicas y vueltas, lo primero por favor

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Entre clásicas y vueltas, lo primero por favor

Cruz – LEadboard2 Post
Tiempo de lectura:2 Minutos

Miro esta semana y veo una carrera preciosa este miércoles, de sugerente título, A través de Flandes, que me gusta además porque el Quick Step, otrora Etixx salió escaldado de aquí por equipos menores. Luego el viernes tenemos la carrera con nombre de autopista, la E3 de Harelbeke, y recuerdo el sprint de Kwiatko vs Sagan, preludio de San Remo, de la excelsa victoria de Geraint sobre Stybar,… y el domingo Wevelgem, y ese grupo con Sagan al comando por Ypres, con Cancellara apurando su última primavera.

Miro eso, y estoy encantado. Porque las clásicas fueron antes de todo, antes que nada. La más vieja dicen que es la Milán-Turín, cuando el Giro siquiera era un sueño. Eran carreras de pesado desarrollo y heroico desenlace. Luego vinieron los monumentos, la más decana, la que va de Lieja a Bastogne y vuelve al cogollo valón, San Remo, Roubaix, Flandes, las hojas muertas de Lombardía que muda de verde a ocre…

Todas las grandes clásicas son centenarias, no sólo eso, son mas que centenarias, diseñaron el ciclismo que conocimos, sugieren leyenda, despiertan recuerdos, inspiran hoy como inspiraban hace cien años, crean riqueza, cincelan iconos, catapultan lugares y establecen tradiciones.

No son carreras al uso, en lo estrictamente futbolístico, son partidos del KO, a eliminatoria única, sólo puede quedar uno. No hay segundas oportunidades más allá de volver al año que viene, algo que cuando cruzas la meta segundo te parece una eternidad que no sabrás esperar. Son adoquines y colinas, se visten de naturaleza: caminos vecinales de Flandes, los pendones de Valonia, las rutas imperiales y mineras hacia Roubaix, las tierras que vieron crecer a Coppi para tomar el camino de San Remo,…

Castelli-LDB2

Tienen inconografía propia, una personalidad transversal. Integran a gente que las ama en paisajes del siglo XIX, cuando el mal tiempo las viste de barro y despojo, son terribles, una pesadilla. Entonces el batiburrillo de dureza y tensión deriva en espectáculos inmateriales, que van más allá de los tiempos y nos adentran en los despojos del cilcismo que nos enamoró, de ese que se corre con el riesgo de perderlo todo en cualquier momento y sin poder, en muchos casos, ni echar mano del equipo ni del coche de recambios.

Porque en ciertos escenarios, la incidencia de los equipos super profesionalizados del siglo XXI se diluye, queda en testimonio. Equipos enteros llevados a la cuneta. Mirad el Team Sky el año pasado en Roubaix, copaban la cabeza y en dos malas curvas, adiós, se acabó. La victoria fue para un australiano de tercer rango, que corría solo y escapado desde que el pelotón afrontó el primer pavés.

Hubo un día que los grandes patrones de los medios quisieron darle una vuelta de tuerca a la mecha de pasión que prendieron las clásicas y pensaron en las vueltas por etapas, y nació el Tour, y nació el Giro, e incluso nació por aquí la Volta y entendedme, esto es otra cosa, es el ciclismo de la suma de esfuerzos, del fondo físico que cae en saco roto cuando el cuerpo te dice basta. Es el ciclismo de equipos que bien llevados y atiborrados de talento pueden blolquear la carrera hasta convertirla en un sopor.

A mi me gustan las grandes, la París-Niza esta última, alguna Tirreno, algún Dauphiné, pero entendedme lo que te da una clásica, eso, no está pagado.

Imagen tomada de FB de París-Roubaix

INFO

El otro día rodamos hacia San Remo…

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