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#ClassicMen Van Looy, Rik II en la línea de sucesión

Ciclismo antiguo

#ClassicMen Van Looy, Rik II en la línea de sucesión

A Rik Van Llooy los libros de historia lo sitúan entre Van Stenbergen y Merckx. Dicen además que no tiene la variedad del primero, ni la cantidad del segundo, pero a nadie se le escapa que el corredor que fue emperador nacido en Herentals es una de las referencias del arte de las clásicas cuando miramos qué debe hacer un grande en las carreras más inciertas del calendario.

Mal humorado, ambicioso sin raciocinio, Van Looy trascendió como el primer corredor que aunó en el mismo palmarés los cinco monumentos. “Ser generoso me hace débil” tenía por bandera, y plasmaba esa libertad en cada gran carrera que tomaba parte e incluso si no era grande, sólo así se podía superar las 370 victorias en 17 años, una cifra de leyenda que hablaba de un carácter alejado de la modestia y una compañía, su “guardia roja”, que causaba estragos entre rivales que no caían derrotados, sencillamente los dejaba agotados…

Bicampeón del mundo, Van Looy siempre tuvo una obsesión llamada Roubaix. Cuando la ganó por primera vez, no paraba de repetir “he ganado, he ganado” por el césped del velódromo más famoso del mundo. Rik vestía entonces el arcoíris, preguntado por su título mundial anterior, el de Herentals bajó a tono de anécdota la hazaña mundialista junto a la Roubaix que acababa de ganar.

Era el año 1961 y su guardia roja del Faema había dado la vuelta de tuerca suficiente para que el velódromo Rik sacara una bicicleta en el sprint a sus oponentes. Al mes sumaba la Lieja-Bastogne-Lieja a su causa, hecho que le convertía en el primer ciclista de la historia en ganar los cinco monumentos. Ganaría dos veces más Roubaix, y en especial la de 1965, su mejor triunfo de siempre, después de tres años sin imponerse en sus clásicas, con la inestimable ayuda de Gilbert Desmets, su mejor gregario, y aprovechando un pinchazo de Nöel Foré a diez de meta.

Rik abrió su cuenta, por eso, en San Remo, esa clásica que todos los grandes belgas domaron varias veces. En una carrera que había perdido parte de su atractivo, porque acostumbraba a decidirse en sprints masivos, el de Herentals se impuso a sesenta ciclistas en las rectas de la ciudad de la Ribiera. Torriani, el capo de la prueba, abrumado por tanto ciclista delante, prometió endurecer el recorrido para hacerlo más selectivo. El ganador había volado desde Milán a San Remo a más de 40 kilómetros la hora, una velocidad indecente para una clásica que quería ser muy dura.

Al año siguiente, 1959 Rik ganaba Flandes, por primera vez. Alentado por alas en las piernas, no duda en reventar la prueba en el Muur para luego dar cuenta de lo que le queda a rueda a 40 kilómetros de meta. En un principio sólo le sigue su íntimo rival De Bruyne, luego vienen otros veinte ciclistas, entre los que está su querido Desmets que lleva “viva” la carrera, lo suficiente, para que Rik dé cuenta de la concurrencia al sprint. Tres años después el papel de De Bruyne le tocó a Tom Simpson, roto por Rik y el acoso de su equipo.

Ganador en Lombardía también en el 59, el papel de Rik en el ciclismo quedó demostrado con uno de los bagajes más intensos y prolongados de siempre. Tras la “belle époque” del ciclismo italiano, se había demostrado que el foco, el poder de las clásicas se había movido al norte y Rik fue uno de esos pilares, el hombre que dicen antecedió a Merckx, pero que en verdad ganó cosas que Merckx nunca ganó, como la celebrada París-Tours, que no será monumento, pero que es una brega eterna por los meandros del Loira que se precia de tener a todos los mejores velocistas de siempre.

Imagen tomada de Wikimedia Commons

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