Colombia sabe a rosa

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No hay ciencia exacta, ni fecha concreta para cifrar el desembarco del primer escarabajo, el genuino escalador colombiano en Europa. Existe un quorum sobre una carrera y un año: Dauphiné Libéré de 1984. Entonces Bernard Hinault, ahora parte de la ristra protocolaria de Le Tour, sufrió en manos de Martín Ramírez, una derrota paradigmática: en la montaña, cuesta arriba, violento, fuerte y pertinaz. Ramírez, de Bogotá mismo, fue el primero, no el mejor pero sí el primero. 

Con él crecieron la primera generación de dos grandes talentos, la liderada por Lucho Herrera, quien en 1987 ganó la Vuelta a España, y la primera y única grande que cayó en saco colombiano hasta este Giro de Nairo, y Fabio Parra, que tocó techo en el podio del Tour de Francia de 1988, cuando fue tercero acompañando, a su izquierda a Pedro Delgado en el podio de París. El ciclismo colombiano vivió en esa época una excelente hornada. Ocupaban todos los estadios del ciclismo, estaban por doquier, cualquier meneo del árbol en una subida les hacía salir en estampida, montaña arriba, como escarabajos. Recordamos valientes ciclistas: Martín Farfán, Omar Hernández, Cacaíto Rodríguez, los Camargo, Oscar de Jesús Vargas,… competidores menudos, talla XS de maillot, pero grandes escaladores, sino los que más, dando origen a una clase más completa, más polivalente con corredores como Alvaro Mejía o Santiago Botero, ya más tarde, que al margen de subir bien. “Contrarrelojeaban” como los ángeles. Yo, subjetivo, me quedé siempre con uno, míster clase: Oliverio Rincón.

Pero esas enormes generaciones quedan ampliamente superadas por las actuales. Surgen por doquier, como aquellos escarabajos, sólo que este perfil ya no los define exclusivamente. Llegan a donde sus antepasados y les parece poco, apuntan alto, a lo más alto. Dos denominaciones de origen les contemplan. Por un lado los antioqueños, entre ellos destacan Rigoberto Uran, los Henao, Carlos Betancur y Julián Arredondo, del otro los boyacenses, Nairo Quintana, Cayetano Sarmiento y Winner Anacona.

Urán ha hecho historia por varios motivos. Ha subido dos veces al podio como segundo del Giro y ha situado un ciclista de un equipo de clasicómanos como el Omega en el cajón de una grande. La apuesta le salió redonda, después de militar en el Orgullo Paisa viajó a Europa a correr en Unibet de ahí pasó al Caisse d’Epargne, explotando del todo en el Tour de 2009. Tras salvar la papeleta al Sky hace un año ahora pertenece a las hordas de Patrick Lefevere asimilando el rol de segundo de a bordo, pues si su fichaje respondía a la necesidad de estar delante en el Tour, al final pesó más la baza de Mark Cavendish para Francia. Por cierto, no es descabellado decir que con Rigo nació esta hornada, él abrió la puerta hace unos años, luego vinieron los otros.

Y luego está Nairo, quien 27 años después sitúa la tricolor colombiana en lo más alto de una grande. Nairo inició su carrera como amateur en el equipo “Boyacá es para Vivirla”, de ahí pasó al Colombia es Pasión ganando con 20 años el Tour de L’Avenir. Desde entonces es un  in crescendo ganando generales y disputando grades triunfos mientras sus resultados computan para la clasificación de los jóvenes.

La historia se escribe con renglones caprichosos, y con avatares inesperados, hace años que dijimos que en Colombia latía una generación única, y los resultados nos están dando la razón. Podía haber ocurrido lo contrario, pero todo está pasando como la lógica dictaba, ahora cabe sentarse y esperar, porque este libro rosa va sólo por el prólogo.

Foto tomada de Facebook del Giro de Italia

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