El comentario final del Giro

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Acaba de concluir la 99ª edición del Giro de Italia, competición de cotizada categoría internacional, que ha acaparado sobre todo en esta última semana la máxima atención por parte de miles y miles de aficionados con que cuenta el ciclismo ante la incertidumbre del resultado definitivo. Todo se ha dilucidado de una manera contundente en la penúltima jornada, con término en la cima del Santuario de Santa Ana de Vinadio, que se alzaba a 2015 metros de altitud, en donde el futuro vencedor de la actual ronda italiana, Vincenzo Nibali, nos quiso demostrar con ímpetu desenvuelto y férrea voluntad que era el indiscutible ganador de este Giro electrizante que nos ha motivado a todos hasta su resolución final. Más emoción no cabía y de seguro que nos vemos obligados en buena lid a extender nuestra gratitud también hacia los organizadores de esta prueba por etapas que se ha saldado con tantas emociones, gracias una vez más, al itinerario planteado y a la ley impuesta por los duros contrafuertes alpinos.

Nibali no se arredró ante el peligro

La esperada apoteosis ha tenido lugar en la ciudad de Turín, una elección a todas luces inédita en los anales de la historia del Giro. Queremos con ello afirmar que Vincenzo Nibali, que dio muestras en algunos momentos de cierta debilidad física, supo sobreponerse y superar aquel mal trance que sufrió concretamente hacia la mitad de la citada ronda por etapas. La mayoría de todos nosotros, los que escribimos o comentamos, le dábamos ya por derrotado o vencido en su propio feudo italiano. Sin embargo, supo sobreponerse a los malos augurios con enorme entereza y, poco a poco, etapa tras etapa, volvió a brillar con vital prestancia, especialmente en esta última semana, asistido muy eficazmente, hay que decirlo con rotundidad, por sus compañeros de escuadra, con su inconfundible vestimenta de tonalidad azul clara, que no fueron otros que su compatriota el veterano Michele Scarponi, el estonio Tanel Kangert y el danés Jacob Fuglsang, cumpliendo al dedillo las órdenes que emanaban de su director técnico, el conocido ex ciclista Alexander Vinokourov. Este hecho que exponemos no se nos escapó de nuestra mente.

La soledad del ciclista

Contrastaba ante la contemplación de la figura maltrecha del holandés Steven Kruijswijk, accidentado cuando descendía a tumba abierta el Col de L´Agnello. Sin moral y sin fuerzas por el encontronazo sufrido, se le vio vencido y con el consiguiente desánimo para empujar a los pedales por la fatalidad del momento. Luchó sin la ayuda de nadie. Ahí estaba este ciclista de apariencia joven impotente ante aquella lucha desigual que se fraguó en aquellas tortuosas carreteras. Nos preguntábamos: ¿dónde estaban los laborantes de su equipo, el Team Lotto-Jumbo? Sólo respondemos, ahora a bote pronto, que algunas veces la soledad del ciclista de ruta es una faceta que pesa sensiblemente cuando así acontece ante cualquier contratiempo inadvertido que te cae así de repente truncando tus posibilidades. El deporte de la bicicleta es muchas veces implacable, acusadamente frío en ciertas circunstancias que nos parecen dramáticas.

El admirable pasado de Nibali

Cabe recalcar que Nibali, nuestro triunfador que acaba de conquistar la corona de laurel, es uno de los seis ciclistas en el ámbito mundial que ha logrado imponerse en las tres grandes pruebas de nuestro calendario internacional; es decir, se ha impuesto en la Vuelta a España (2010), en el Tour de Francia (2014) y en el Giro de Italia (2013 y 2016). Aparte de poseer sendos segundos y terceros puestos en estas mismas competiciones que hemos apuntado. Por tradición era y es un hombre a batir de alto prestigio y que nunca desmerece. Vincenzo Nibali (31 años), apodado “El Tiburón del Estrecho”, oriundo de ciudad de Messina (Sicilia), no ha tenido ni mucho menos el camino fácil para al fin imponerse en este Giro, un sueño que parecía imposible que llegara a ser una realidad.

Otro registro a la vista: la diferencia registrada en la clasificación final entre el primero y cuarto de la tabla ha sido de un minuto con 50 segundos, una cifra que contrasta a primera vista cuando los participantes han cubierto pedaleando un total de 3.383 kilómetros en el periodo cantante y sonante de tres semanas.

Otros hechos destacados

Antes de concluir este sucinto comentario cabe rendir alabanza abierta, por una parte, a los corredores colombianos que han clasificado a tres de sus representantes en los lugares de honor: Johan Esteban Chaves (2º), Rigoberto Urán (7º) y Darwin Atapuma (9º), y, por otra, el mencionar al español Alejandro Valverde (3º), más un triunfo en la decimosexta etapa, siempre activo al pie del cañón, que ha conseguido pisar el podio, una brillante página que no podemos olvidar. Asimismo, cabe congratularse también con el navarro Mikel Nieve, el hombre de Leitza, que se ha adjudicado el título del Gran Premio de la Montaña, un premio que se hace querer, aparte de su victoria en la decimotercera etapa.

Sirva de referencia como conclusión el saber que la participación española en esta edición se elevó a dieciséis componentes frente a una totalidad que sumaba la participación de 198 ciclistas, lo cual representó un porcentaje del orden del 8%. Deducimos que nuestra representación fue más bien algo baja. Otro dato: se alinearon un total de 22 equipos con una amalgama de participantes que provenían de nada menos 33 países. No está mal el saberlo.

Finalizamos estos números de carácter estadístico para señalar que por naciones, Italia figura destacada en primera posición en cuanto a victorias absolutas, al registrar 68. Le siguen, muy alejadas, Bélgica, con 7; Francia, con 6, y España, con 4, por obra de Miguel Induráin (1992 y 1993) y Alberto Contador (2008 y 2015), dos ganadores por duplicado. No está mal el difundirlo. Hay antecedentes que vale la pena siquiera recordar por el bien del ciclismo.

Por Gerardo Fuster

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Hemos sacado a pasear estos días el nuevo Ambit3 Vertical de Suunto, un reloj de Calidad Europea, que supera con diferencia a sus rivales.

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