Con el fallo de la OP nos siguen tomando el pelo

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Hablo al calor de la sentencia y de la ignorancia sobre los procesos, apelaciones y marchas atrás que merodean todo pufo judicial. La Operación Puerto rompió hoy 30 de abril, seis años y once meses después de lanzarse, con un fallo que condena a un año a Eufemiano Fuentes e Ignacio Labarta y la absolución para los exdirectores Vicente Belda y Manolo Saiz.

Una vez más España clava una muesca en su menoscabada credibilidad, si bien no cabía esperar otra cosa. La Operación Puerto es el capítulo más bochornoso de nuestra historia deportiva reciente –conocida como “Edad de oro del deporte español- y emborrona, por si no hubiera suficientes motivos, la candidatura olímpica de Madrid para 2020. Sinceramente, con una justicia de este pelaje, un sistema tan lento y unas maniobras muy bien encauzadas para enturbiarlo todo, la sola insinuación de España, cuya desinversión en deporte de base es galopante, como destino olímpico es un atentando al buen juicio.

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Sin embargo no se rasguen las vestiduras. Esto pasa en las mejores casas. Miren lo de Lance Armstrong y su medida confesión o la ridícula terapia de choque holandesa llevada a cabo por diarios. Como bien comentaba en su post del domingo Jordi Bernabeu en este cuaderno, los que creemos que esto no puede seguir así seguimos asistiendo a burdas argumentaciones y baratas excusas como las que nos dieron en su día del positivo de Alberto Contador y su bistec, por poner un ejemplo, así al azar.

Al principio alegué mi ignorancia en todos los entresijos que mueven un castigo como el infringido al doctor Fuentes, sin embargo no es descabellado pensar que el suyo será un paso invisible por la trena. A su vez el castigo de abonar un importe equivalente a quince cafés diarios durante diez meses por un delito contra la salud pública es demoledor. El ginecólogo se ha reído de todos y hace bien, el sistema lo permite. No entiendo qué más pruebas podían obrar en su contra en ese delito contra la salud que se juzgaba.

Sea como fuere quienes quisieron saber de la pertenencia de las bolsas de sangre se quedarán, muy posiblemente, con las ganas. Esos recipientes serán destruidos. La sangre se regenera y sus legítimos dueños no la echaron en falta. Nadie reclamó haber perdido nada. Nadie les solicitó para cotejar su ADN. Por medio sólo quedaron sospechas, manchas, dudas,… al margen de esas primeras tesis que hablaban de ciclistas, atletas, tenistas,…

Fuentes se ve que ofreció el listado y sus nombres, pero aquello no procedía. Se juzgaba un delito contra la salud que sin embargo tuvo consecuencias deportivas en muchos ciclistas que si no dejaron de competir, cerca lo estuvieron. No sabemos de nadie que fuera ciclista que no padeciera el látigo de la justicia.

Y si anónimos serán los titulares de esas bolsas, indiferentes son los damnificados por los tratamientos del señor Fuentes. Y es que no hay día que no pase sin referencia internacional a este capítulo. ¿Dónde queda la justicia para los agraviados? Repiten y cuestionan. Tal prerrogativa España la resuelve “con dos condenas leves” como titula Carlos Arribas su pieza en El País. Lo dicho, nos siguen tomando el pelo.

Imagen tomada de www.teinteresa.es

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