Tour de Francia #15, la contracrónica

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A pesar de que se subían cuatro collados de mediana categoría, no implicó a que la decimoquinta etapa fuera precisamente una jornada cargada de hechos espectaculares. Creemos que fue a todas luces un día de evidente tranquilidad, con alguna que otra escaramuza que animó su desarrollo. El último obstáculo afrontado, el Col de l´Escrinet (2ª categoría), en el que su cima alcanzaba una cota de 787 metros, estaba situado a una distancia de 58 kilómetros de la línea de meta.

No parecía ser un punto apropiado para romper las hostilidades más en serio por parte de los corredores responsables de la prueba. Los hombres del pedal no estaban mentalizados para poner en danza en grado sumo esta etapa en cuestión. Les bastaba como objetivo primordial el centrar su interés en la parte final, en donde debían entrar en liza, una vez más, los dueños de la velocidad, cosa bien sabida.

Hubo movimientos y nada más

Cabe decir que hubo algunos integrantes que intentaron la aventura, una aventura sin esperanza. De salida -172 ciclistas supervivientes-, vislumbramos una escapada de nueve unidades, que se intuía que iba a terminar pronto. Algo más tarde, a 46 kilómetros de Valence, surgieron dos ciclistas conocidos: el canadiense Ryder Hesjedal y el italiano Matteo Trentin. Parecía que iban a alcanzar su objetivo, su ilusión. La esperanza es lo último que se pierde ante cualquier acción de este tipo.

Luego, en las acciones últimas, se registró un forcejeo protagonizado por dos checos: Zdenek Stybar, que ha registrado muy buenos resultados en la especialidad de ciclocross, y su compatriota Jan Barta. Se pusieron de acuerdo para ayudarse aún perteneciendo a escuadras distintas, pero sí nacidos en una misma nación. El patriotismo muchas veces abre las puertas del compañerismo. Esta vez no se logró redondear su valentía frente a una realidad amarga. Fueron alcanzados y rebasados sin piedad casi en el último respiro de la etapa.

El poder del germano Greipel sigue brillando

A la entrada de la ciudad de Valence, que se sitúa a orillas del Ródano, en el departamento de Drôme, pudimos visionar una llegada electrizante llevada a cabo por el gran pelotón, compuesto por sesenta y cuatro ciclistas, todos apelotonados, apiñados, para disputar con ardor la ansiada victoria, esa victoria perseguida por un buen número de aspirantes y que compensa a  solamente uno.

El germano André Greipel, que acaba de cumplir los 33 años, volvió a dar en el clavo por tercera vez en este Tour. Es un vencedor de probado valor  que nos ha vuelto a repetir la misma historia de días anteriores. Sus otros triunfos se registraron en el segundo y quinto día, con conclusión en las localidades de Zélande y Amiens. En este día de gloria, repetimos,  Greipel, nacido en Rostock y enfundando los colores del equipo Lotto-Soudal, con sede en Bélgica,  debió enfrentarse y superar a su compatriota John Degenkolb (2º clasificado), a los noruegos Alexander Kristoff (3º) y Edvald Boasson Hage (5º) y al eslovaco Peter Sagan (4º), que sigue encerrado en su frustración tras tantas oportunidades perdidas.

Lo curioso del caso es que Sagan ocupa el primer lugar en posesión de la elástica de color verde, premio a la regularidad, aventajando a Greipel, el que precisamente le viene amargando la existencia. Constituye todo un contraste el que nos vienen ofreciendo estas dos figuras de la velocidad.  Veremos cómo concluirá este duelo que tiene un cierto atractivo.

Antes de concluir no está de más el señalar, el de que la clasificación general, en lo que se refiere a los diez primeros lugares no sufrió variación alguna. Conclusión, pues: la etapa no dejó de ser una etapa de transición, de estas que llaman de puro trámite. El británico Chris Froome cumple su décima jornada en propiedad de la camiseta amarilla de líder, lo cual denota una sólida posición en este puesto de indudable prestigio deportivo. No será fácil el desbancarle así como así. Tiene un equipo, el Team Sky, que posee en todos los sentidos un poder especial, con unos hombres, los ciclistas de su formación, que conocen al dedillo lo que llevan entre manos. No hay vuelta de hoja.

Un aviso de atención para nuestros lectores. Tras el obligado día de descanso bien merecido por parte de los corredores participantes, aparecerán cuatro etapas seguidas de alta montaña. Y es que los temidos Alpes ya están aquí a la vuelta de la esquina.

Por  Gerardo  Fuster

Imagen tomada de FB del Tour de Francia

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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