¿Corre sangre por las venas de Nairo?

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El favoritismo para una carrera como el Tour no se gana en un sorteo, no se juega los dados, ni se otorga a dedo, se cimienta en trabajo, mucho, más del que cualquiera de nosotros seamos capaces de imaginar. También en sacrificio y en talento, talento a raudales, tanto, que ye sitúa muy lejos de la media, pero que muy por encima. Nairo Quintana cumple todos esos requisitos.

Una de las pocas veces que abrí una revista de motor en una de esas salas de estar de una empresa, mientras apuras el rato para que reciban, leí que a Dani Pedrosa, los patrocinadores le imploraban un atisbo de alegría cuando subía al podio por ganar sus primeros mundiales de motociclismo. El piloto catalán era tan introvertido que no derrochaba gesto alguno en sus repetidas victorias y eso, para quien paga, no vende.

A Nairo le pasa algo similar. Fue en un meme de estos que corren por ahí que en nueve casillas con nueve caras idénticas del colombiano donde pusieron: Nairo sufriendo, Nairo atacando, Nairo sonriendo, Nairo quedándose,… todas iguales, las mismas. Idénticas.

Y eso pesa en la gente, sobretodo cuando llevas un año dando la tabarra de que vas a por el Tour y llegas a éste y no das la medida de lo que la gente espera, no al menos hasta el momento. Nuestra simpatía por Nairo quedó probada de inicio e incluso creo que en los Pirineos pudo haber hecho más, porque se le vio tan bien que ni Froome supo qué pensar.

Sin embargo existe la máxima en el colombiano y su equipo de que mientras más tarde mejor, como si carrera contra el tiempo a la que te obligas no pudiera jugar en tu contra. Nairo abrió el carrusel de ataques en el Ventoux, obligado por el recorte de los últimos kilómetros. No pudo hacer daño, porque quizá no era el sitio adecuado y luego lo pagó. Creo incluso que sin la moto le habría caído más tiempo. En la crono Froome lo llevó a los tres minutos. Ahora toca la heroica.

Sinceramente, éste no es el Nairo que me encandiló hace tres años siendo siempre el primero en atacar, despertando la voz de Goga para América cuando ganó de blanco en la última llegada en alto, aquel ciclista que atacaba con todo y no con la sensación de ser un corredor atenazado por lo que le digan del coche. Nairo era un soplo, y ahora que el ciclismo no para de reivindicar valientes, se descuelga de un grupo al que pertenece.

Nairo dice que Froome sigue siendo su rival, pero que no se olvide que ahora gente como Mollema defenderá su puesto con uñas y posiblemente ponga a su equipo a trabajar si el colombiano ataca. Que no se olvide que Valverde dijo que se dejaría ir y lo tiene echándole el aliento en la general, y que en improbable caso de que a su equipo se le ocurra jugar con las dos bazas, no le temblará el pulso, porque el murciano es un killer. Y que no se olvide que las excusas son de malos pagadores. Dijo él, y su director, que lo de la jornada del viento de Montpellier fue un peligro, cuando lo único cierto es que Froome y Sagan les retrataron y que Nairo ganó un Giro en un Stelvio envuelto en condiciones infames. ¿Hablamos de peligro?

Por favor que vuelva el Nairo que nos enamoró, el corredor que demostró tener sangre en las venas, sería lamentable que el Tour muriese a cinco días de llegar a París.

Foto tomada de www.tercerequipo.com

INFO

Somiedo- Ventana- San Lorenzo- La Farrapona

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