Critérium del Dauphiné, la contracrónica

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Es evidente que Christopher Froome, este ciclista oriundo de Kenia y nacionalizado inglés, lleva hasta ahora unas buenas actuaciones en el transcurso de estas últimas temporadas, un factor que le da automáticamente como principal favorito ante el inminente Tour de Francia, que se iniciará el próximo día 4 de julio en la ciudad holandesa de Utrecht, el paraíso de las bicicletas.

Froome, aunque por muy escasa diferencia: tan sólo una decena de segundos, acaba de adjudicarse el Critérium del Dauphiné con elocuente maestría y poniendo en práctica su consabido sentido táctico, que ha podido desplegar en esas últimas etapas de evidente dureza con innumerables puertos alpinos a salvar. Ha sido en pocas palabras una victoria bien trabajada bajo la tutela inteligente de los componentes del equipo Sky, inconfundibles con sus elásticas negras, que llevaban en silencio la batuta de los acontecimientos vividos en la prueba.

Froome, el hombre de Nairobi, sabía el terreno que pisaba

La papeleta resolutiva de Christopher Froome quedó zanjada sin tapujos en la última jornada de la carrera en cuestión, en una etapa que finalizaba en la cima de un puerto de alta montaña denominado Modane Valfréjus, situado a 1.553 metros de altura, catalogado de primera categoría. El citado juez de paz, con su silueta inconfundible y una ascensión de 8,4 kilómetros bajo una pendiente del 5,7%, le valió en definitiva para emitir su justo juicio a favor del corredor británico, vencedor en apoteosis.

El ciclista Froome, nacido en la capital de Nairobi e hijo de padres ingleses, que se desplazaron a aquellas tierras africanas por razones económicas, se impuso como quiso. Su antagonista más cercano resultó ser el estadounidense Tejay Van Garderen, portador hasta entonces de la casaca de oro, una ilusión que no pudo festejar un tanto por los pelos ¡valga la expresión! Debió rendirse ante la evidencia fraguada en los postreros cuatro kilómetros, que fue un espectáculo digno para contemplar y digno de elogio. Froome pudo redondear la marcha triunfal e individual, repetimos, en los últimos trazos, acumulando metro por metro su ventaja sobre su adversario más directo: el voluntarioso Van Garderen, que hacía lo imposible por conservar su prenda amarilla, curva tras curva. Dieciocho fatídicos segundos más una bonificación de diez segundos, le hicieron perder la ilusión de su vida. Froome, con un estilo un tanto peculiar a la vez inconfundible, retorciéndose sobre la bicicleta, pudo colmar su victoria, aplaudida en aquellos parajes alpinos de impresionante belleza.

Fue un digno colofón final dedicado a la gran masa de público presente al borde de las carreteras. Siempre constituye un aliciente para nosotros el contemplar a las gentes apiñadas contemplando las carreras ciclistas con un entusiasmo desbordado y un magno colorido extendido en sus ambientes.

Los españoles se hicieron notar

Meritoria la llegada tras Froome en solitario de un trío integrado por el británico también Simon Yates, el portugués Rui Alberto Costa y el americano Van Garderen, el perdedor de la jornada. A continuación lo hizo nuestro representante Joaquim Rodríguez, un atleta del pedal que ha sonado con insistencia en estos últimos días de carrera.

A raíz de lo dicho e introducidos en la clasificación final definitiva, cabe recalcar el segundo puesto conseguido en buena lid por Van Garderen y el tercero a cargo del lusitano Rui Alberto Costa. Sin embargo, no pudo alcanzar podio, por muy poco, el corredor vasco Beñat Intxausti (4º), muy bravo cuando la carretera se enfilaba hacia arriba. Hemos de reconocer que nuestros representantes a fin de cuentas se han hecho notar. Así de claro. Debemos adicionar precisamente al catalán Joaquim Rodríguez (8º) y al murciano Alejandro Valverde (9º). No deja de llamarnos a la atención que entre los diez primeros clasificados hayan copado plaza tres españoles. Es obligado no olvidarnos de ello. Deseamos aquí divulgarlo a los cuatro vientos; y más teniendo en cuenta que el Tour de Francia está a la vuelta de la esquina. Por otra parte, en el reciente Giro de Italia, incluyendo el triunfo de Alberto Contador, entró también en liza Mikel Landa (3º). Así se escribe la historia y nuestra satisfacción.

Dándole vueltas al historial del Dauphiné     

Nunca está de más exponer que con anterioridad al año 2010 la prueba en cuestión se denominaba Critérium Dauphiné Libéré, en homenaje a las singladuras del periódico organizador. Esta competición que por tradición se suele celebrar en el mes de junio en vigilia del célebre Tour, se corre básicamente en el territorio abarcado por el ampuloso río Ródano y los atractivos Alpes franceses. Su instauración tuvo lugar en el año 1947, creada por el entusiasta y millonario economista Georges Cazeneuve, mano derecha de la publicación que acabamos de mencionar.

El primer vencedor fue el polaco Edward Klabinski, que pronto se establecería su residencia en el país galo, lugar muy apropiado para la promoción del deporte de la bicicleta. Hasta la fecha actual, con el triunfo de Christopher Froome, que repite su victoria que tuvo lugar en la temporada 2013, se han celebrado 64 ediciones. Francia ha sido la nación más agraciada, con 31. Le sigue España, con 10, por obra de Valentín Uriona (1964), Luis Ocaña (1970-1972-1973), Miguel Induráin (1995-1996), Ibán Mayo (2004), Íñigo Landaluce (2005) y Alejandro Valverde (2008-2009). Resultados que nos delatan que a los españoles no les ha ido del todo mal esta competición por etapas de alto copete.

No está de más el exponer que hasta ahora tan sólo ha habido cuatro ciclistas que han inscrito su nombre en el historial de esta carrera por tres veces, cota máxima. Nos cabe nombrar a Nello Lauredi (1950-1951-1954), Luis Ocaña (1970-1972-1973), Bernard Hinault (1977-1979-1981) y Charly Mottet (1987-1989-1992), franceses todos ellos, salvo el malogrado Ocaña, el ciclista conquense de Priego.

Nunca está de más repasar un poco las pinceladas que nos depara el historial de esta prueba de alta consideración internacional del deporte de las dos ruedas. Esto es todo.

Por  Gerardo  Fuster

Fotografía: archivo de la revista de otros tiempos Miroir-Sprint, una publicación popular que ya no se edita. Dejó de publicarse en el año 1971. Salió a la luz en el año 1946 tras la segunda Guerra Mundial

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