Cuando el futuro quiere adelantarse al futuro

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Artificial, esplendorosa e insustancial. Con esos tres inseparables calificativos se podría resumir el Dubái Tour 2014. El pelotón llegaba este mes de febrero por primera vez en su historia a ‘la ciudad del futuro’. Dubái, un espectacular oasis de lujo y modernidad, creado en medio del desierto, acogió su primera vuelta de cuatro días. La carrera, dada a pocas conclusiones en cuanto a materia ciclista, tuvo su punto álgido el pasado martes, justo en la previa de la ronda. En pleno centro de la ciudad, en las faldas del hotel más alto del planeta, RCS se encargaba de abrir la fiesta con una presentación jamás vista hasta ahora en otros festivales ciclistas. Corredores y técnicos no se cansaban de repetirlo antes, durante y después de las cerca de dos horas que duró el acto. “Nunca hemos visto nada igual. Ni Tour, ni Giro, ni leches” se hartaban a decir. El prodigio de luces, sonidos y figuras, con bailarinas voladoras y globos emigrando a los cielos creó un escenario irrepetible. Pese a todo, la ceremonia no logró congregar a más de 100 personas (aproximadamente) entre las que principalmente se encontraban periodistas, personal de la organización y demás personalidades con afán de ‘postureo’.

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La carrera, propiamente dicha, resultó lo suficientemente desastre. Los equipos, que por temas logísticos no pudieron transportar sus vehículos, tuvieron que ‘apañarse’ con lo que les ofrecieron, que no era otra cosa que un coche de apoyo en el que a lo mucho les cabían dos bicis de repuesto. “Es como si hubiéramos regresado al siglo pasado”, se quejaba algún mánager en la zona de los equipos. Unas circunstancias que, al igual que había ocurrido en Omán y Qatar el año pasado, provocaron que la crono se realizase sin ‘cabras’, un hecho que ciertamente molestó a más de un especialista.

Lo que más sorprendió en este sentido fueron los pobres materiales con los que arrancaron los noveles del SkyDive, quienes eran la envidia del resto de equipos por sus lujosos ‘Audi’, pero no por sus bicicletas. Los dubaitíes, que en esta ocasión corrieron de rojo para honrar a la bandera de su país aunque su maillot habitual ser negro, debutaron en la carrera de su tierra con unas bicis “casi del Decathlon”, como cuchicheaba el dirigente de un gran equipo. Pese a todo, las trazas de la nueva estructura son inmejorables. Existen las ganas, los medios y, sobre todo, el parné. Una receta que condimentada con el color de los billetes podría saciar a los paladares más gourmet en el futuro. Su idea no es otra que la de crecer paso a paso, al contrario de la fórmula que parecen haber tomado los Emiratos en otras materias. Para que ese proceso, a priori acertado, sea lo más efectivo y rápido posible está por esas tierras el sempiterno Paco Mancebo, quien parece -aunque pueda no parecerlo- más encantado y enamorado que nunca de su profesión cuando está cerca de llegar a los 38. El de Navaluenga no oculta su deseo de superar la barrera de los 40… Dando pedales!

Volviendo a la carrera, el recorrido fue un paseo turístico por la ciudad a excepción de la etapa del viernes, que sí tuvo algo de realidad al salir los ciclistas al desierto e incluso afrontar algunas rampas considerables. El domingo, con Maradona pegándose con los medios, se dio por concluido un Tour que enganchó al principio por la espectacularidad de los escenarios, pero acabó cansando por la falta de dinamismo. Un hecho a tener en cuenta es que prácticamente no se vio gente en las cunetas (salvo en las salidas y llegadas), además de que el resto de la ciudad parecía vivir ajena a la que estaba montando por allí la serpiente multicolor.

Con todo, en Oriente Medio ya sueñan con replantear estas carreras para próximas ediciones. En los mentideros se aseguraba que para 2016 podrían unirse las pruebas de Catar (desafortunada idea que comience un día después porque los corredores se fueron corriendo de la meta al avión) con las de Dubái e incluso Omán. Los jeques y emires están dispuestos a ‘comprar’ la tradición ciclista y agarrar el futuro por las solapas, con los elementos positivos y negativos que todo ello conlleva. No obstante y como decía Purito antes de una etapa: “No estamos como para elegir. Hay que darles las gracias”.

Por Nacho Labarga desde Dubái

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