Cuando gana Gilbert, nos alegramos todos

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Recuerdo oír aun ciclista una vez, creo que fue Juan Antonio Flecha, que la clave de un ataque en una cota no es hacerlo bueno en medio de la misma, y sí en la coronilla, en el falso llano que acompaña la última rampa. Eso lo tenían claro Kwiatkowski y Gilbert, cuando con la carrera decantada para los de adelante, dieron la estocada a su grupo, tras ser los que posiblemente más tiraran y mejor trabajaran.

El ciclismo muchas veces es injusto, otras es al revés. Cumple con quienes lo merecen. Hoy ha sido este caso. Hubo dos formas de hacer. Coger el corte de inicio, con Henao se fue Gilbert, o irse del segundo grupo cuando la cuerda está a punto de romperse, como hizo Kwiatkowski, en uno de esos movimientos que definen este polaco: visión, anticipación y perspectiva.

Valverde y cia iban con Kwiatko en ese momento, como Dani Moreno aquella vez en Ponferrada, cuando Michal se fue “inofensivamente” en un descenso, como Cancellara en Flandes, cuando vio partir al excampeón del mundo, con Sagan a rueda. Cuando Kwiatkowski ataca es por algo. Iban con él…

Lo vieron salir Valverde y Van Avermaet, lo vio pasar Wellens. Kwiatko enlazó y la carrera acabó. Con Henao en su auxilio, estaba sentenciado el grupo de atrás. Como siempre flotó el sabor de sentencia sobre todos aquellos que entraron delante con campeón belga y ganador de San Remo en el grupo.

Acabó la cosa como tenía que acabar. Ni Albasini, ni Ion Izagirre,… no hubo manera. Gilbert y Kwiatko se fueron y se ganaron la gloria a partes desiguales. Para el primero la cuarta Amstel de su carrera, para el otro una plaza de plata que no debe satisfacerle nada, habida cuenta que su punta de velocidad le dio para batir un par de veces a Sagan, pero no a Gilbert. Y es que es lo que tienen estas carreras. No ha guión escrito.

Triunfó la Amstel con su nuevo recorrido, sacando del epílogo ese “monumento a dejarlo todo para el final” que es el Cauberg, repartiéndolo por el trazado varias veces. Pero no os engañéis, estas Ardenas pintaban diferentes desde el momento que la abordaban ciclistas en plenitud de forma y con la ambición rebosando. Cuando corredores como los dos primeros, como Valverde, como Henao o como Van Avermaet están bien, es complicado que el espectáculo defraude. Más cuando les conviene evitar el sprint con Matthews, Colbrelli y cia.

Porque esta Amstel ha tenido ciclistas que corren a lo grande, que no especulan y sacan el repertorio en el momento que se les precisa. Su forma de correr dista mucho de los Movistar, que vuelven a irse de vacío con Alejandro en la carrera que como la selección a Messi, “no se le da”. Arguyeron la baza de Rojas por delante, pero eso es pecar de optimismo. Rojas con esos gallos hizo lo que tenía que hacer, seguirles y gracias. Movistar esperó que le arrastraran su baza por delante y le repescaran otros la de atrás. Correr esperando que otros te pongan en orden el jardín es lo que tiene, que no eres dueño de tu suerte y eso acostumbra a salir mal, incluso entre los azules, tan afines a sacar tajada del esfuerzo ajeno.

En fin, primer acto y nos alegramos de que el ciclismo recupere la Amstel, esa carrera de más de treinta muros que por fin no se resuelve en un sprint fruto del bloqueo. Como siempre decimos, cuando gana el ciclismo, ganamos todos.

Imagen tomada del FB de Amstel Gold Race

INFO

El ciclismo es estilo de vida. Rose Bikes es una marca para los ciclistas que dan importancia a la individualidad

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