Cuando Hinault casi engaña a Lemond

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El bretón por excelencia del ciclismo, Bernard Hinault, no escribió su leyenda en el Tour en un periodo tan preciso de años como otros campeones. Su dominio en el tiempo fue algo más difuso, aunque se alargó en casi ocho años: ganó el Tour por primera vez en 1978, y repitió un año más tarde. Volvió en 1981, se hizo con otras dos ediciones de forma consecutiva, apartándose de la gloria del Tour hasta 1985. Por medio quedó el efímero dominio de Laurent Fignon.

Durante su quinto Tour, Hinault reconoció el valor adquirido en el equipo por el norteamericano Greg Lemond. El concurso de éste fue tal, y tan fiel, que el campeón francés dijo querer tributarle la edición siguiente. Pero el triunfo es goloso e Hinault era un adicto al mismo.

Esas primeras intenciones fueron manifestadas en la salida y desde un principio pareció claro que eran sólo eso, intenciones, pues desde la primera etapa Hinault inició un continuo asedio sobre su delfín que se tradujo en un holgado liderato para el bretón en la primera parte de carrera, con casi cuatro minutos y medio sobre su compañero. En otro Tour, esas diferencias significaban la sentencia para los rivales del tejón.

Pero cuatro minutos y medio no eran suficientes. No contento con ello, Hinault siguió su ofensiva en la primera de las etapas pirenaicas. Camino de Superbagneres lanzaba un ataque de larga distancia que no hacía más que sepultar sus opciones. Coronó con 2´20´´ el Aspin, pero en la subida definitiva se hundió para ceder cuatro minutos ante Lemond.

En el segundo turno de montaña, en los Alpes, la situación se hizo insostenible para el dorsal número uno. En el Granon, Lemond tomaba un liderato que ya no soltaría hasta París. Pese a ello Hinault no dejó escapar la última opción de probar al nuevo maillot jaune atacando en el Galibier. Sin nervios, con temple, y la clase que siempre le ha caracterizado, Lemond se rehacía del nuevo estropicio de su progenitor deportivo con la ayuda de Bauer.

La inercia colocaba a los dos líderes de La Vie Claire al frente de la carrera, con una eternidad sobre el resto y con todo el tiempo del mundo para celebrar el triunfo de Hinault en la cima del Alpe d´ Huez. Un triunfo bendecido por Lemond que se significaba como el escenario ideal para que Hinault dijese adiós a la carrera de sus amores.

De esto hace ya treinta años, y la historia sigue coleando, pues se considera aquella edición icónica de muchas cosas, entre otras de los valores del cilcismo, de la lealtad y la honestidad. Hinault no ganó porque sencillamente su compañero era muy superior, pero el retrato de campeón frustrado en su ultima gran carrera sin admitir lo que la naturaleza dicta, que el más joven debe reinar un día y otro, fue la imagen del que hoy lleva el protocolo del podio del Tour.

La peli de aquel Tour de hace treinta años es un documental excelente que narra las intrigas intestinas de una edición sencillamente irrepetible.

Imagen tomada de forodeciclismo.mforos.com

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1 COMENTARIO

  1. […] Sea como fuere el recorrido ya se conoce y creo que va en dirección de evitar lo que tanto criticamos este año. Sin dureza extrema, sin contrarreloj que decida, quieren que la emoción se alargue en los días y a poder ser hasta las puertas mismas de París, que esta vez estarán nada menos que en Marsella y en el mítico Velodrome, el estadio del Olympique, ese que equipo que un día fue el feudo de Tapie, el mafiosillo que tuvo en un mismo equipo a Hinault y Lemond. […]

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