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Cuando la muerte de una persona justifica tus argumentos

Opinión ciclista

Cuando la muerte de una persona justifica tus argumentos

LBD Cambrils P

Quiero recordaros un pasaje vital y personal: Corría el kilómetro 35 de mi tercera maratón. San Sebastián, noviembre de 2008. Un frío de cagarse. A ello se sumaba un viento espeso procedente del enfurecido Cantábrico y la lluvia sostenida. El hito del 35 se sitúa bajo la bóveda del túnel de Miramar. Un abuelete, txapela enroscada y desafiante jersey primaveral, nos chilla: “Al campo os llevaba yo, tantas ganas que tenéis de pasarlo mal. Desgraciados”. Emplomado por la fatiga no hice no ademán. Luego pensé que quizá el trasnochado espectador me tendría que haber llevado al campo del pescuezo, allí hubiera estado confortable.

La sociedad moderna convive con los retos extremos como nuestros antepasados no hubieran imaginado nunca. Almohadillados en una vida sencilla, carente de amenazas y desafíos, la andanada de deporte popular que crece entre nosotros es tal que en ocasiones los límites no quedan perfilados, ni siquiera humanizados. En este contexto, nuestros mayores que tan duro trabajaron no entienden que nos propongamos maratones, ironman, ultramaratones, travesías a mar abierto,…

LBD Campus Melcior M

En la eterna carrera Cavalls del Vent, trepada cuesta arriba y abajo por montañas pirenaicas empapadas en lluvia durante más de 80 kilómetros, falleció una participante por hipotermia. Esa desgracia dio lugar a un artículo del columnista Salvador Sostres, cuya facilidad por no dejar indiferente y asquear quedó plasmada. Los argumentos de Sostres en un medio conservador, garantes del sacrificio, chirrían tanto en forma como en fondo, por que si bien los placeres de la vida cada uno  los encuentra donde le compete, el juntaletras no puede resultar más ofensivo ante una muerte que es la excepción, no la norma, de estas bestiales pruebas.

Los ultramaratones, como las grandes marchas cicloturistas que muchos no pueden acabar por les resulta inútil continuar, son la punta del iceberg de quien un día se enganchó al deporte y no supo verle límites a su progreso. Ello sin embargo no propina las muertes ni pérdidas que el periodista parece esperar para cargarse de razón. Luego siempre podrá decir que quién pagó el servicio sanitario que socorrió a éste o al otro. En una marcha cicloturista hace un par de años, una nevada sorprendió a los participantes y dejó a muchos aislados. Y no era periodo invernizo.

Sin embargo, es en estas personas, donde encontramos un sustrato de sociedad que no conformándose con lo que le rodea, raspa en el círculo de lo imposible las opciones que esta vida, que medios como el suyo nos han regalado, nos niega. Quizá prefiera la frivolidad que destilan aquellos protagonistas que copan las portadas de los medios que integran su grupo mediático.

Que no olvide el dinero en sanidad que estos locos, y no tan locos, le ahorran a papá estado. Que si cundiera su ejemplo no tendríamos un país de brazos caídos, apático y previsible. Por eso, aunque no lo concibamos nuestros límites, criticar a estos valientes que rompen con su concepción del placer es un apoltronado ejercicio de cobardía y sedentarismo.

Quiero dejaros el enlace a la fantástica guía de ciclocross que ha publicado la gente de www.elpeloton.net y en la que he tenido el placer de colaborar.

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