Cuando los gregarios andan como los líderes

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Valiente riesgo el que asume Johan Bruyneel. El técnico belga sabe mucho de equipazos. Como corredor compitió en uno vestido de amarillo que acostumbraba a situar dos, tres o cuatro corredores entre los cinco primeros. Hubo un año en que muchas de las vueltas españolas tuvo dos o tres elementos del aquel cuadro pisando un podio. Luego como director lideró el proyecto de Lance Armstrong. Menuda plantilla, Acevedo, Heras, Landis, Livingston, Hincapie, Savoldelli, Hamilton, Chechu,… un equipo de azul donde los gregarios andaban como los rivales de su líder, cuando no más.
Ahora Bruyneel consuma el cambio de cronos con Bjarne Rijs. Hace dos años el primero mentaba a Contador y el otro a los Schleck, ahora viene a ser lo mismo pero al revés. A Bruyneel el nexo surgido de Radio Shack y Leopard, todos montados en luminosas Trek, le ha valido un equipazo, cuando no el mejor de la historia reciente del ciclismo, entroncando con aquella La Vie Claire del mafiosillo Tapié o los más recientes casos de Festina y su truncado tridente del 98, Zulle, Virenque y Dufaux, donde el tercero de abordo andaba como los dos primeros.
Para el próximo Tour la alineación de Radio Shack se compondrá de siete estrellas y dos hermanos. A Bruyneel le corresponde que los oriundos del ducado se dejen de pamplinas. No será fácil, estos dos ciclistas corren con telepatía, si es que la inoperancia corre por hilos intangibles.
La experiencia dice por eso que estas megaplantillas aunque espectaculares a priori nunca resultan balsas de aceite. El acumulado de egos en el mismo bus amenaza con reventarlo. Y es que si en ocasiones es complicado acertar entre un gregario inspirado y un líder anodino, encontrarse en la tesitura de de nueve estrellas para un equipo de nueve no debe resultar sencillo, a no ser que la carretera se cargue bazas por el camino como le ha ocurrido al equipo americano esta temporada.

La complejidad de la apuesta en condiciones de igualdad en una plantilla queda corroborada en esta misma Vuelta donde el inesperado Froome está cercenado por Wiggins como en su día Bartoli eclipsó a Bettini en la Lieja, Museeuw a Taffi en Roubaix o el propio Perico a Indurain en el Tour. La prueba de que la razón asistía al segundo espada fueron los hechos posteriores. Todos los mentados en segundo lugar acabaron por triunfar allí donde la naturaleza les había previsto.

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