Cuatro palabras mal escritas sobre Samu, Contador, Purito y Valverde

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Estos días han convivido en el Criterium Dauphiné los que posiblemente sean los cuatro emblemas del ciclismo español. Aunque en diferente grado cada uno de ellos ha asumido su cuota durante esta carrera que todos aciertan a tachar de secundaria ante lo que ha de venir en unas semanas salvo en el caso de Samuel Sánchez que quema aquí los últimos rescoldos de su primera forma del año.

Sea como fuere el ciclismo español sigue de enhorabuena. Una vez se han retirado dos grandes como Carlos Sastre y Oscar Freire, el pabellón patrio aún conserva halo de atención en las mejores citas. Miremos como digo los cuatro emblemas que surcan por la Dauphiné, es decir, Purito Rodríguez, Alberto Contador, Alejandro Valverde y el mentado Samuel, para saber que España en ciclismo, a pesar de los pesares –patéticas luchas antidopaje y falta de estructuras al margen- aún cuenta y mucho.

Sin embargo, los perfiles que nos ofrecen nuestros cuatro mejores ciclistas, aunque se complementen, son realmente diferentes y antagónicos. Quienes siguen a un servidor en twitter y leen con asiduidad este cuaderno no les sorprenderá, pero ahí va, en cuatro líneas, en el fragor de la temporada, lo que un servidor ve en cada uno de ellos tanto en lo deportivo como en lo ajeo a la competición.

Y empezamos por el ganador de la sexta etapa del Dauphiné, Samuel Sánchez, quien últimamente amanera de una forma sus actuaciones que ya no distinguimos lo real de lo fingido. El trago emocional en la cima de Superdévoluy fue grande por el recuerdo a Victor Cabedo, pero hasta llegar a meta las caras de este ciclista, que apreciamos como a pocos, resultaron del género gore. Samuel amasa además una serie de actuaciones discutibles en lo táctico que intenta disimular con humo y cortinas tales como “es que no me dejan moverme”, argumentos que nos parecen pobres para su calidad. En el último Giro fue un quiero y no puedo, y movimientos certeros como los de la Dauphiné se han vuelvo excepciones.

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Cuando Samuel tomó metros de distancia, Alberto Contador tiraba del grupo de hombres importantes trabajando por Michael Rogers. Una plaza en el podio, la tercera en concreto, que fue importante un día y no lo fue tanto en jornadas antes. Contador es un desconcierto, un grandísimo corredor, pero un desconcierto. Lo que dijo al llegar a meta por ejemplo tuvo el sabor de justificación absoluta no sé si al aficionado o a él mismo. “Estoy en el momento de forma en el que quiero estar, como al 75%”. Ya sabemos que no anda a tope, como sabemos que desde el Giro 2011 no le hemos visto rodar igual, como sabemos que desde la crono del Tour de 2009 no da una a derechas en el ejercicio individual.

Quizá convendría una dosis de transparencia para saber que sí, que Contador es humano, que pasa por ciclos, malos momentos y que éste precisamente no es el mejor. El próximo Tour, que en principio debía correr en total tranquilidad se le complica por la lupa que se ha hecho fijar sobre su persona.

Y cuando hablamos de transparencia y espontaneidad nos referimos a Purito Rodríguez, un ciclista que es un libro abierto, que en competición obviamente guarda sus bazas, pero que fuera de ella no tiene problema en admitir sus errores. Que el año pasado perdió dos grandes vueltas por estrecho margen, de ellas la Vuelta por un error terrible del cual habla sin rodeos. ¿Tan complicado es?

Y al final está Alejandro Valverde, un ciclista imprescindible. Se le investigó en el dossier de Operación Puerto, se le castigó y está de vuelta, no creo que resulte tan difícil de entender. Si la vuelve a cagar entonces que purgue como merece, pero hasta la fecha hace uso de la segunda opción que aún existe en el ciclismo. Compite como nadie pero muchas veces llega tarde. Explica con la misma sonrisa un éxito insultante como una derrota dolorosa y eso quizá le añade cierto atractivo. De esa manera cultiva un palmarés único por mucho que siempre nos queda la duda de que podría ser un poco más amplio.

En tres semanas empieza lo bueno…

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