David López, uno de los nuestros

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¡Un millón de espectadores en las cunetas del Alpe! Eso nos comentaba David, mientras cenábamos la primera noche en el restaurante del Hotel Loizu de Burguete, un encantador pueblo del Pirineo navarro. Allí sentado, compartiendo mesa y mantel, junto a una treintena de cicloturistas de todas las categorías, David era uno más, muy cercano, simpático y muy respetuoso con las preguntas que le íbamos formulando uno detrás de otro, casi sin descanso. Era lógico, todos lo mirábamos con admiración.

Hacía tan sólo unos pocos días que lo habíamos visto trabajar muy duro en el Tour de Francia para un compañero de equipo, un tal Froome que acabó ganando la carrera. En nuestras retinas aún estaban grabadas las imágenes de David tirando de todo el equipo Sky, con su líder a rueda y, de pasada, no dando margen a ningún ataque por parte de rival alguno. Una ascensión para el recuerdo, coronando primero la muralla d’Oisans, ante millones de ojos. Una historia que podrá contar con orgullo a sus hijos y nietos y que quedará siempre en el recuerdo.

La verdad es que ascender entre tanta gente te da alas, te anima y, sobre todo, te pone la piel de gallina”, nos dice. A la pregunta de… ¿y los que os molestan siguiéndoos tan de cerca, que hacen peligrar vuestra integridad física? David nos dice que son cuatro tontos pero que forma parte del espectáculo, algo que en ningún otro deporte sucede. Si algún aficionado intenta acercarse a Messi o a Cristiano el placaje lo tiene asegurado. Le comentamos si sería partidario, en este tipo de subidas, de hacer pagar algún tipo de tasa simbólica, ni que fuera tan solo uno euro que podría servir para muchas cosas: desde la posible salvación de carreras, equipos enteros o como ecotasa medioambiental. David asiente con la cabeza. Está completamente de acuerdo. Ahí queda la idea. ¿Por qué no?

Pero a David no se le sube el éxito a la cabeza y con mucha educación va contestando las inquietudes de los que estábamos allí presentes. De nuevo junto a nosotros, en su tercera participación en el stage de Burguete, no parecía que estuviéramos ante todo un ganador de Tour. Porque sí, ganó Chris, pero él, junto al resto del equipo, tuvo mucho que ver en el éxito del keniata.

De verlo pasear en bici de la mano de Froome por los Campos Elíseos de París, celebrando el triunfo con una gran sonrisa en su rostro, a estar a su lado, con la misma felicidad que se dibujaba en su cara. Daban ganas de tocarle con un dedo y preguntarse… ¿Es de carne y hueso? Recuerdo acercarme a él y con un apretón de manos de colegas, felicitarle por su extraordinario Tour. Me dio las gracias con mucha sencillez. Alucinante. Estábamos junto a David López y a no ser por su impresionante planta de ciclista pro, muy fino, muy delgado y moreno, recién aterrizado de la Grand Boucle, nadie diría que estábamos delante de un profesional como la copa de un pino, un currante del pedal que comenzaba por fin a destaparse y a coleccionar reconocimientos y éxitos. Ya era hora. El bueno de David se lo merecía.

Para el corredor del Sky volver a Burguete significaba encontrarse de nuevo con una familia: un grupo de amigos que disfrutan como él de la bici pero de manera completamente diferente, aunque en nuestro mundo cicloturista ya sabemos que hay multitud de categorías, desde el simple globero al globero Élite, dicho esto con todo el cariño del mundo, por supuesto.

Para David es su profesión, pero como dice el dicho, fue antes cocinero que fraile, y nuestro querido amigo de Baracaldo se inició en el mundo de las dos ruedas como un cicloturista más, participando en las diferentes marchas que se organizaban en la provincia de Vizcaya y sus alrededores, “marchas de las de antes, sin chips ni clasificaciones, donde lo importante era disfrutar en grupo con tu club y donde si uno pinchaba, allí lo esperaban todos”, nos comenta con un cierto regusto nostálgico.

Y es que efectivamente cómo han cambiado las marchas, algo que no entiende David, porque él comprende que el que se dedica a esto no tiene más remedio que pensar en entrenar, en números, kilómetros, potencia y carreras, y cree que lo lógico, los que somos cicloturistas deberíamos recordar que montamos por diversión, para disfrutar, desconectar, dando paseos, más largos o cortos, más duros o suaves, pero siempre bajo un marcado signo de turista ciclista. Lo importante es salir en bici. David no es partidario, como muchos otros, de cicloturistas que esprintan en una marcha, que se colocan un chip para intentar bajar 5 ó 10 minutos su tiempo. “¿Y qué más da? ¿Eso es cicloturismo? Para eso ya están las carreras Máster”, reflexiona David.

No falto de razón, porque él se preocupa por nuestro pequeño gran mundo, opina que todos los que nos dedicamos a ir en bici deberíamos pasar primero controles médicos periódicos, y no comprende, aunque lo pueda entender y compartir, que alguien que trabaja ocho horas diarias saque tiempo para entrenar una marcha con muy duros puertos. “Conozco algunos que como no tienen tiempo, entrenan de noche y dejan incluso a la familia y que, después de participar en una prueba de este tipo, están hechos caldo toda la semana”, nos dice con perplejidad. Todos le damos la razón. No puede ser muy positivo que digamos.

David defiende los derechos de los ciclistas, y de paso el de los cicloturistas, lógicamente, y si tiene que discutir con un coche de autoescuela sobre alguna norma de tráfico que no ha cumplido, pues lo hace, para que al final le den la razón y acaben hasta pidiéndole perdón: “igual así hemos encontrado la raíz del problema, desde las propias autoescuelas”, opina con una cierta esperanza.

Cuando David viene a Burguete, y a pesar de la dureza de algunos de sus puertos, lo hace para pasar unos días de vacaciones, montando en bici con amigos que tengan algo más de vida social y que no se pasen el día hablando de entrenos, carreras, fotos de bicis y que no se sepa nada más de sus vidas. Esto es lo que busca nuestro querido amigo pro en nuestros stages: buen ambiente, diversión, unas risas y disfrutar de la compañía de gente que compartimos una misma pasión, salir por carreteras por donde él nunca había andado, olvidándose del reloj, “llegando a unas horas que uno no sabe si comer o merendar”, nos dice con unas risas. A pesar de todo esto, David no suele relajarse del todo y así, si tiene que pegarse unas series en Larrau pues se las hace, luego ya habrá tiempo en Erroymendi de relajarse esperando junto a otros “fieras”, que han intentado seguir su rueda, al resto de la expedición. Si es que además tiene que tener una paciencia…

Si tiene que afrontar a bloque, con su 39×28, el excepcional primer kilómetro de Beillurti, pues lo hace sin queja alguna. “Mirad -nos dice-, existen deportes que cuando llueve no te mojas, que no tienen coches que les estorben, que no pinchas ni te caes, pero si has elegido la bici… menos quejas y pedalea”. Con esto nos responde a varias preguntas, como por ejemplo si piensa que muchos de estos recorridos que realizamos los cicloturistas jamás los harían los pros. La respuesta de David es contundente: “¿Y por qué no?”

Él es de la opinión que un ciclista entrenado y bien remunerado no debería quejarse por subir puerto alguno y que le encantaría que toda esta zona que lleva visitando durante tres años fuera entrando en los planes de organizadores de carreras. Puertos como Arnostegui, Irei, Lindux, Munhoa… por supuesto. En una comarca de extrema belleza y dureza, eso sí, se tendría que buscar a alguien que pusiera dinero encima de la mesa para poder ver a los pros disputando carreras por estas increíbles carreteras.

Cuando alguno le pregunta si le molesta que los globeros se peguen a su rueda, él nos comenta que en absoluto, que al contrario, y siempre dependiendo de la rutina que lleve ese día, si le toca series o descanso activo, le encanta ponerse al lado de ellos y charlar un rato. Eso sí, si pasa alguno porque aquel día va por faena, y ni le saluda y se le engancha a su rueda de manera un poco pestosa, eso, no lo soporta.

“Pero más por el hecho de que cuando te cruzas con otro ciclista… ¡Saluda! Los profesionales también lo hacemos”. Es una frase manida que no por eso hemos de olvidar y David nos la recuerda. Le comentamos si lo suelen reconocer mucho por la carreteras:”a veces sí, sobre todo si son conocidos de la zona, pero la mayoría de veces no”, y nos explica una jugosa anécdota cuando un día paró en la fuente de Lunada y escuchó a dos cicloturistas que estaban cerca de él como uno le decía al otro: “mira, mira, ese parece un pro” y el otro le respondió: sí claro, uno del Sky va a venir a entrenar por aquí”. El bueno de David nos dice que casi se cae a la fuente de la risa que le dio. Todos soltamos una gran carcajada.

Se hace tan ameno hablar con él que el tiempo pasa muy deprisa. Eso sí, nos explica que lo peor que lleva en estos stages son los madrugones, nos comenta con unas risas. Acostumbrado a competir a partir de las 11 o las 12, o incluso más tarde, le da algo de “pereza” el tener que levantarse temprano. En eso sí que ganamos los globeros a los pro, ja ja ja.

Pero el olor a café recién hecho o abrir la ventana y respirar, y contemplar las montañas que le esperan, ya le llena completamente de satisfacción. Qué diferente es estar concentrado en competir, cuando ni siquiera tienes tiempo ni de contemplar el hermoso ¿paisaje? “Ni lo vemos”. Y la tranquilidad de no tener que aguantar las maniáticas rarezas, dicho con todo el cariño, porque lo respeta y admira, de compañeros de habitación como Wiggo.

De todas formas, a David y a los que osen seguir su ritmo, les dejamos que salgan una hora más tarde, para que luego nos den alcance en la cima de algún puerto duro; aún y así tendrá que esperar alguno de nosotros. ¡Vaya crack, David!
Un profesional que se cuida mucho, por supuesto, pero que come de todo, cuando le decimos si aquí en Burguete hace algunas excepciones con la comida: “Pues no, porque esto es muy duro y hay que ir bien alimentado”, y es además un declarado fan de los maxibon, ja ja ja. David no para de dar las gracias a todos.

No se cansa. Es un fenómeno como persona y como ciclista y todos deseamos tenerlo de nuevo, año tras año, aquí en Burguete, aunque su deseo ahora es, siempre con nosotros, visitar otras zonas como Asturias o Benidorm, algo que le apetece mucho. Incluso ya piensa que cuando se retire será un cicloturista más, eso sí, sin llevar la vida espartana de profesional ni la de muchos cicloturistas que se lo toman como una cuestión personal: “salir y disfrutar de la bici, sólo eso”.

Días más tarde, todos nos llevamos una gran alegría con su victoria en la dura Côte de La Redoute, en el Eneco Tour, algo que hizo que inundáramos su twitter con felicitaciones de todo tipo, pero sobre todo comentándole lo bien que le habían sentado los aires de Burguete y sus series escalando Aitza. Muchas gracias David por ser como eres. No cambies nunca. Te deseamos desde aquí los mayores éxitos y que nos lo cuentes a nosotros, tus amigos los cicloturistas, porque eres uno de los nuestros.

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

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