David Millar dice que hay luz al final del túnel

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Con aspecto intelectual, parecía un bibliotecario sacado del “Código Da Vinci”, largo y fino a puertas del Tour, con aire londinense y camisa a cuadros muy sutiles, abrochada hasta el cuello, causando ahogo en el espectador, David Millar se presentó ante los asistentes para dar cuenta de las delicatesen de su libro. Bajo esas gafas de amplio espectro y pasta marrón, se veían los ojos de un deportista que goza de la segunda oportunidad que muchas veces la vida niega, sin saber por qué, sin entender el motivo.

Pero él no. Él tiene esa segunda opción, la opción de enmendar el error que le hizo perder horas de sueño, que le impidió reconocerse en el espejo. David Millar cuenta en primera persona, y con la pericia de un profesional, sus sensaciones antes, durante y después de transitar el túnel del dopaje, sin saberse con más experiencia que la de una persona que traicionó su inocencia exprimido por un entorno opresivo donde los que iban limpios nos les quedaba otra que “apretar los dientes”.
Admito, confieso, que David Millar no ha sido santo de mi devoción estos años de apostolado de lo blanco e inmaculado que entiende este deporte. Compré su libro con la sana intención de amortizar esas palabras que me invitaron a profundizar. A pesar del infierno personal de saberte manchado y tener que contárselo a los tuyos, en ocasiones informados por los balazos de la prensa, Millar supo reponer las piezas y ver que lo suyo tuvo solución.
Con el pretexto de la presentación de su libro, tuvimos incluso opción de charlar levemente con este ciclista que hace diez años caminaba en la cresta de ola. Sus palabras a pesar de todo evidencian esperanza y no resquemor. Salvados los clichés no elude hablar de temas complejos. No adolece de doctrina para hablar de éste o del otro. Qué va. Lo habrá hecho, pero ahora no quiere saber porqué otros supieron juntar ocho horas de sueño a pesar de nadar en el filo. Sólo dice “yo no pude” y punto. Ni siquiera ve ese choque de transatlánticos que le expusimos hablando del ciclismo anglosajón frente al latino. Valora el potencial del ciclismo venido de España e Italia como símbolo de la tradición a la cual su frente, el anglosajón, dice competir con las manos limpias. Y puso ejemplos. El más cercano el de su amigo y compañero Ryder Hesjedal, como esa muesca de que se puede ganar algo grande limpio.
Decir que se gana limpio es uno de los hits del momento en ciclismo. Desde aquella famosa rueda de prensa de Mark Cavendish y algún otro, no recuerdo, esta soflama anglosajona se reitera no sin una suerte de reproches para otros, principalmente la llamada periferia europea, los vecinos del sur, Italia y España. Sin embargo a fe de ser sinceros, David Millar tiene suerte, mucha. Su sistema, el anglosajón,  tan intransigente le ha dado la segunda oportunidad. En España por ejemplo muchos la vieron pasar de largo, algunos con sanción efectiva, otros sin juicio de por medio. Y eso David, aunque parezca tan evidente, te ha tocado en detrimento de otros.
Os dejo un vídeo de Jordi Escursell con impactos sobre el ciclista y su obra. 

  • Creo que como tu bien dices, David Millar ha tenido suerte. Si el sabe reconocer que cometió un error y lo ha enmendado, quienes somos los demás para juzgarle.Otros ciclistas, españoles ellos; sin ser juzgados ni sancionados se encuentran aún en el "tunel del olvido", corriendo carreras desconocidas sin que se les de esa segunda oportunidad de limpiar su nombre.

  • De los errores se aprende, pero primero hay que saber reconocerlos aunque a veces cueste.