A David Cañada se le escapó la vida

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Veo a Mikel Nieve abordar con ambición un coloso blanco y altísimo. Un sube y baja, una metáfora de la vida. El ciclismo no es sencillo, es terrible, te premia sin igual y te castiga sin margen. Nieve sube hacia cumbres atiborradas de hielo y soledad, al no sé donde, sin saber qué te espera, qué sensaciones te dará tu cuerpo, ni qué suerte correrás en la bajada.

Ciclismo de filo y emociones sentidas, y hoy, sábado, hemos llorado la muerte de una buena persona, David Cañada, el mismo día que en la Vuelta a Bélgica se ha tenido que ver parada por una caída tan grande, provocada por motos además,con consecuencias tan graves, que casi no se ha dado abasto a atender tanto accidentado. Mucha fuerza Stig Broeck.

Pero quiero hablados de David Cañada, un ciclista que convivió, como si un diente de sierra alpino fuera, con las subidas y bajadas de la vida. Un chaval encantador que dejaba el alma en hacerse entender, en explicarse. Hace diez años ganó la Volta a Catalunya, una carrera en la que tuve el gusto de conocerle. Sus entrevistas mezclaban a partes iguales explicaciones sobre la carrera y sobre sus problemas de salud.

Aragonés, con un acento marcado, un trato cercano, entrañable, recuerdo cuando vistió el maillot blanco de mejor joven del Tour hace 16 años, tras hacer un prólogo memorable y ganar la crono por equipos con la ONCE, el grupo que en sí solo hacía de esto un auténtico arte.

Se mantuvo muchos años en el profesionalismo a pesar de sus enfermedades y eso dice una cosa, que era apreciado por los suyos y valorado por sus directores, Manolo Saiz y Matxin, principalmente. Conoció a los más grandes, creció entre ellos,… porque él fue parte de esa camarilla.

Y un apunte, hoy que nos acordamos sin remedio de su figura, fue un ejemplo de como acoplarse a la “vida normal”, eso que muchos deportistas top se les hace más duro que su propio reto. Estudió fisioterapia y en Ejea de los Caballeros impartía la sapiencia que la vida le sumó a sus estudios.

David siempre fue a remolque de la mala suerte pero esta vez se le escapó la vida. Descanse en paz David, y mucho ánimo a la familia de los Puertos de Ribagorza.

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