De aquellos “escarabajos” llegaron estos elementos

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La nota de ciclismo exótico que supuso la llegada de los primeros y tostados colombianos,en la década de los ochenta, al ciclismo del viejo y ancestral continente europeo quedó hace mucho atrás. De aquello quedan recortes de una ilusión que fue tan real como aquel grano de café que vistió el maillot a topos del Tour y aquellas básculas que midieron el peso en café del “meilleur grimpeur”.

Se llama Nairo y quédense con esta cara
De aquellos tozudos escarabajos, chepudos serpas, que inclinaban la carrera al abismo cuando la carretera ganaba altura, vemos ahora una tremenda generación que sin duda viste los dulces sueños del meridional estado americano. A la irrupción de unos años acá de Rigoberto Urán, a pesar de sus años entre los ilustres, un ciclista aún por hacer, llega un pequeño círculo de muy buenos elementos que transforman en triunfos aquella concienzuda estampa de escalador que hiciera celebérrimos a sus antepasados. Por medio de aquéllos y éstos, Leonardo Duque, entre otros, dio matiz a la arista histórica del competidor venido de ultramar con una rapidez sin igual y buenas acciones incluso en los peraltes. A sus 32 años no está en primera línea, pero sugiere respeto.
Sin embargo los tiempos recientes apuestan por una hornada muy joven, avezada y precoz. Sergio Henao ha sido hombre faro de Sky en las Ardenas, top 30 en las tres, y decimocuarto en la Flecha Valona sin obviar la tercera plaza en Ibardin. Todo ello con nada menos que con 24 años, exactamente dos más que Nairo Quintana, el último ganador del Porvenir, pero también de Murcia. Un ciclista de gran recorrido, que no llega a los 60 kilos pero con la polivalencia para adjudicarse generales absolutas que podrán ser de mayor pedigrí cuando mejore sus cronos.
José Sarmiento recala en Liquigas y el sugerente Winner Anacona en Lampre. Ambos también muy jóvenes. Como ven pocos, pero con margen, abriendo el camino, arrojando luz sobre un país que vivió enormes éxitos aunque en época valle durante unos cuantos años. Qué no cantarían desde Radio Caracol a primera hora de la mañana esas calurosas jornadas de julio.
Pero volvamos al origen que dio caché a todo esto que vivimos ahora. Remontémonos a una histórica Dauphiné Líbéré. Lo fue por abrir las puertas a estos ciclistas venidos de la otra parte del mundo. En la edición de 1983 de la carrera alpina, Bernard Hinault sufría una derrota en manos de un tal Martín Ramírez. En esa carrera otro “escarabajo” dio con dos etapas. Fue Francisco Ramírez. A su calor vendrían Lucho Herrera y Fabio Parra.
El desembarco era completo, aquellos casi marcianos en la vieja Europa causaban estragos en las pendientes. Acostumbrados a la altitud, a kilometrajes inhumanos, esos puertecitos europeos les parecieron puentes de autopista. Aquella marca, aunque manipulada por la mejora de la genética con el paso del tiempo, sigue grabada en el ADN de estos que ahora causan expectación. Ese lobby, el colombiano, vuelve a contar. Vaya si vuelve a contar. 
Foto tomada de www.movistarteam.com 

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