¿Debería pedirle el divorcio el Tour de Francia a la UCI?

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Las aguas de la burocracia ciclista bajan calmadas en los últimos tiempos. La competición ocupa páginas y llena minutos de radio, los ciclistas rayan la admiración de otros tiempos y el público disfruta de una campaña que hasta la fecha nos ha dado buenos hitos, aunque especialmente dos: la temporada perfecta de Tom Boonen y la gesta de Ryder Hesjedal en el Giro plasmando su perfeccionamiento con la victoria en una grande.

Sin duda uno de los foros que más griterío ofrecía en los tiempos recientes era el que llenaba la UCI con los grandes organizadores. Conscientes del poder histórico y cuantitativo que corre por sus manos, ASO y RCS han dado contrapunto y contestación a todo aquello que el ente supranacional ha propuesto y no ha gustado. Uno de los temas de choque ha sido el de los calendarios y su consolidación.

Entre las claves que ha manejado la UCI en su estrategia de minar el poder de los conglomerados más sobresalientes del ciclismo moderno aflora la llamada globalización del ciclismo. Sí, nos referimos esa andanada de homogeneización de este deporte, sea cual sea el punto del globo por donde circule una bicicleta con sentido competitivo. En esta cuestión la UCI perseguía dos poderes: contrarrestar el peso específico de las grandes vueltas e introducir el ciclismo en los llamados mercados emergentes  con el consiguiente y jugoso beneficio económico sumado a una innegable proyección de este deporte.
Con estos mimbres Amaury Sports Organization (ASO) ha ido tejiendo sutilmente un calendario, integrado en el de la UCI, pero que perfectamente podría volar solo, algo que, sabedores de los recovecos y leyes a la carta, no me extrañaría que acabara pasando.
ASO contempla un porfolio de careras que le da presencia competitiva durante nueve meses del año. A pesar de lo heterogéneo del perfil de sus eventos, este calendario pone los pies en tres continentes, con epicentro en Europa aunque evidente vocación centrífuga. ASO abre su calendario en febrero con el Tour de Qatar y lo concluye en octubre en Beijing. En ese lapso se yerguen dos grandes vueltas (Tour y Vuelta), dos monumentos (Roubaix y Lieja) y una serie de carreras en el escalón inmediatamente inferior como París Niza, Flecha Valona y Daupnhiné más otras históricas como Criterium Internacional y París-Tours. Incluso una nueva competición como la World Ports Classic surge en este conglomerado de eventos entre Asia, África y Europa. Con todo quince acontecimientos y entorno a los noventa días de intensidad ciclista que pasan por sus manos. A ello se añade la buena salud de sus  participaciones, lógicas en todos los casos pues conviene estar a bien con los señores: sólo el Tour puede alumbrar y justificar la inversión de equipos enteros. Y es que una vez explicado este dibujo ¿podrían ASO & Tour pedir el mentado divorcio si la UCI no se pliega a sus intereses?. 

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