Decididamente la bicicleta molesta

2
3
vistas

Sabéis, quizá, que un servidor a su condición de “runner globero” le ha añadido la de ciclista urbano. Sí, la bicicleta para desplazamientos más o menos cortos, entre puntos accesibles, cuyo trayecto no implique sudar la ropa de calle que por lo general atavía esta generación de dos ruedas.

Allí, perdido entre focos de automóviles y picado por los haces de las farolas, en un sinvivir de ruidos, puertas de que se abren, autobuses que amenazan la trayectoria, peatones que asoman entre los coches mal aparcados, cuando no en doble fila, me pregunté ¿y si todo esto que tengo alrededor fueran ciclistas como yo?

Publicidad

Utópico dirán, sin duda. Irreal e irrealizable. El derecho a soñar no cuesta dinero e incluso higieniza la mente. La realidad es esa, una convivencia complicada, que como tal no se debería definir, pues por convivencia entiendo igualdad e equidistancia de derechos y obligaciones. Eso no se da en el contrato entre el ciclista y su entorno.

Estas Navidades llegan teñidas de luto por la enésima desgracia acaecida en la carretera. De Iñaki Lejarreta a cualquiera de los muchos que nos dejó montando su máquina con más combustible que sus calorías y mecánica que sus piernas, hacemos un recorrido mental por lo mucho que nos ha atrapado esta máquina, lo mucho que nos ha dado pero lo mucho que nos ha quitado.

Síntoma del hastío llega la dimisión de Pedro Delgado al frente del grupo de trabajo que debe cuidar la seguridad de los ciclistas. El vídeo que el exciclista ha ofrecido estos días es reflejo de un desapego supino  a los logros de esta mesa de trabajo. Lo resume sencillo: “Esto es un despropósito”. Muchos comentarios me llegan últimamente de estilo “estamos vendidos”. No entiendo que un mundo que camina en el filo del colapso energético siga en estas. No es de recibo, ni lógico que el ciclista deba correr con la peor parte de la convivencia sin que la normativa, al menos en parte, lo ampare.

Sentimos envidia de cuando viajamos por Berlín, Lovaina, Amsterdam. Ellos lo hicieron diferente, lo hicieron bien. Mantienen ciudades humanas, cultivan salud y se desvinculan de gastos a nosotros nos ahogan. Ahora mismo, el ciclista es especie en peligro de caza. No acertamos a comprender los resortes de esta realidad. Es todo tan enrevesado que hasta lobbies y contubernios asaltan nuestro imaginario. Sí, la manida teoría de la conspiración en un su más maquiavélica configuración. Al final uno no sabe qué pensar.

2 COMENTARIOS

  1. Vivimos en un mundo de prisas, se lleva al colegio a los niñ@s hasta la misma puerta con el coche; incluso la policia local regula el tráfico. ¿Como un ciclista va a poder pasar entre este maremágnum de niños y vehiculos??
    Envidia, mucha envidia de los paises donde hay más bicicletas que coches.

Deja un comentario