Dentro de la madison

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El jueves vimos la trepidante final de persecucion por equipos como el primer capítulo de la doble entrega de Brad Wiggins en los mundiales de su casa. La segunda parte de este díptico, viene el domingo con la americana junto a Mark Cavendish, metido en pleno omnium, en lo que será, tenedlo por seguro, una explosión de emociones como pocas veremos en un velódromo.

Hubo por eso otra vez que Wiggo & Cav corrieron juntos un madison. Fue hace ocho años, en una experiencia doble, porque entonces la americana era una carrera mundialista y olímpica, porque ese año fue la cita de Pequín.

El mundial de 2008 fue en Manchester, la catedral del éxito británico en pista y Wiggins le dedica un capítulo en su libro bajo el título de “Madchester”, como síntoma de la locura que aquello implicó. Para Wiggo, para aquel Wiggo, la pista entonces le implicaba partirse en tres: persecución por equipos, persecución individual y americana.

La carrera de parejas estaba programada también con Cavendish y era la tercera de todas. En las dos anteriores, Wiggins había sido campeón del mundo, pero le quedaba un ultimo esfuerzo, que además implicaba complacer a Cavendish, un manojo de nervios el día de antes por inoportunos dolores que desaparecieron en el momento precio a la carrera. Cuenta Wiggo que esos dolores estuvieron a punto de apartar al de Man por Geraint Thomas.

Pero al final salió a la pista la pareja prevista que además actuó como un solo entre a las órdenes de Shane Sutton. Rápido Bélgica, Alemania y Dinamarca cogieron vuelta. Aquello se estaba cociendo poco a poco, siendo clave la marca de persecucionista que llevaba Cavendish en el ADN para mantener viva la esperanza y desgastar los rivales.

A cuarenta vueltas del final Wiggins saltó la carrera por los aires e igualan vuelta. Luego, en un sprint clave, Cavendish evitó el oro seguro de Alemania en un golpe de riñón que puso final a la competición. Sin estar seguros los dos se miraron y miraron al puesto de la BBC donde la sonrisa de Jamie Staff delataba que los números salían: eran campeones del mundo en el último momento.

La felicidad, el delirio del momento se convirtió en un amargo trago en Pequín. Con Wiggo investido en doble campeón olímpico, sus piernas no recuperaban el tono de Manchester. Esa americana se convirtió en un todos contra la pareja inglesa, eso dicen los protagonistas. Argentina fue oro, la pareja española Tauler-Llaneras, plata. Cavendish, que había dejado el Tour con cuatro triunfos de etapa, se fue furioso de Pequin, su sueño olímpico, otra vez frustrado. Wiggo insiste que no tiene nada que reprochares de aquello, pero la relación quedó tocada. ¿Habrá enmienda en Londres?

Imagen de British Cycling

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