Dominicales de @JoanSeguidor: 100 ediciones del Tour en una expo fotográfica

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El Tour cumple 100 ediciones este año y París ha querido rendirle homenaje durante unos meses a través de una exposición fotográfica que recorre la historia de la carrera ciclista más famosa del mundo. Una exposición que nos enseña el viaje de la serpiente multicolor a través de la geografía francesa, durante sus 110 años de historia. Mucho han cambiado las cosas entre la primera fotografía, de 1921, en la que las bicicletas se mezclan con carros tirados por vacas, y la moderna infraestructura que ha convertido al Tour de Francia en un producto mucho más allá de una carrera ciclista.

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Los coches de caballos han sido sustituidos por una extensa caravana; y no se ven ya gafas y viseras de aviador entre los modernos maillots de los ciclistas de nuestra época, que tampoco parecen llevar ya las cámaras de aire en bandolera por si hubiese un pinchazo repentino. Poco concebible nos parece a día de hoy imágenes como la de Arséne Alancourt en 1923 pasando solo en medio de un barrizal en los Pirineos, o la de un montón de ciclistas metiéndose en el agua del mar en St Maxime en 1950 para refrescarse mientras dejan sus bicicletas sobre la arena. y todo sea dicho, poco tiene que ver la galantería de Anquetil, firmándole la pierna a una aficionada, con la imagen de Sagan tocándole el culo a una azafata el domingo pasado.

El Castillo de Chambord, la Abadía de St Rouen y la Cité de Carcassonne, entre muchos otros sitios, nos muestran la faceta más turística de la carrera. No faltan las grandes cumbres como Mont Ventoux, Galibier, Izoard, Luz Ardiden o la Croix de Fer. Se mezclan adoquines, barro,  carreteras de dudoso asfalto y anchas autopistas. Las ciudades abarrotadas con la tranquilidad de los emblemáticos campos de girasoles. El contraste entre un pelotón relajado en la costa bretona frente a la tensión que se percibe a punto de comenzar el Muro de Bretagne, retratado casi vertical por algún fotógrafo.

Los  más grandes se pasean a sus anchas. Esa inolvidable cara de esfuerzo que cualquiera confundiría con una sonrisa de Indurain, la elegante potencia contra el crono de Anquetil en Besançon, la fuerza bruta de Merck cuesta arriba en 1969, vigilado de cerca por Poulidor; o la travesía en solitario de Hinault en 1986 hacia la meta de Superbagnéres. Todos quedan retratados para la posteridad. Para algunos faltará un nombre, para otros no. En las fotos no aparece.

Acaba la exposición con dos imágenes de la carrera llegando a París. 1923, trajes antiguos, señores arreglados en el Parque des Princeps. 48 de 139 ciclistas alcanzan por fin la meta tras más de 222 horas dando pedales.  En 2012 encontramos bullicio, gente, coches, colores, el Arco de Triunfo de fondo. Llegan 153 de 198, y el ganador lo hace en menos de 87 horas.  Parecen imágenes completamente diferentes. Han cambiado las circunstancias, las carreteras, la tecnología, los aficionados, y sin embargo, en ambas se percibe lo mismo. Han logrado su hazaña, llegado a su destino, y, sin importar su posición en la clasificación, son recibidos como héroes. Ya son parte de la historia.

 

Por @ariamsita sobre la exposición situada en los Jardines de Luxemburgo de París

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