Dominicales de @JoanSeguidor: La primera gran confesión de dopaje fue hace treinta años

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“Me dopé con cortisona durante tres años y otros muchos han hecho lo mismo que yo”

Nacido en 1948 y profesional desde 1971, Bernard Thévenet fue un discreto pero efectivo campeón. Sus modos y maneras dentro y fuera de la carretera siempre fueron apreciados, mucho. Supo granjearse el cariño del público con una accesibilidad terrible. Su sencillez, añadida a la naturalidad y escaso alborozo que mostró al ser el ciclista que batió a Merckx, le valió un cariño perenne.

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Pero su rendimiento despertó “sospechas”. Acorralado también por el embrionario estupor de la familia ciclista ante el auge del dopaje, Bernard Thévenet fue el primer dopado confeso de la historia del ciclismo. La fuerte omertá que fluyó por los pelotones de mundo, una vez digerida la terrible muerte de Tom Simpson, amortiguó las palabras del ciclista que derrotó a Eddy Merckx en el Tour de 1975 y sus efectos no fueron los que se supondrían en la actualidad.

Las declaraciones del jovial campesino de la provincia de Grenoble se produjeron en 1982, el año que el pelotón le despidió. El irregular rendimiento del dos veces ganador del Tour fue óbice para que los medios le inquirieran con incómodas preguntas. Thévenet huía como alma que lleva el diablo, lo negaba pero aquella jornada de 1982, ajeno al stress de la competición el francés se confesó con Pierre Chany en la revista Vélo-France. Pero tomen nota de otras declaraciones del ciclista:

“Todos estábamos convencidos de que hacíamos lo que teníamos que hacer y que esto era un paso adelante para ser competitivos. El médico del equipo se tomaba su tiempo explicando cómo nos iba a afectar pues nadie lo había hecho antes que él. Sus palabras nos convencían y nos daban confianza aunque tenía la sensación de que se experimentaba con mi cuerpo

Ante tan demoledoras declaraciones, nadie insinuó rearbitrarle las ediciones que ganó. De haberse hecho Eddy Merck podría haber ganado seis Tours. “Cosas de la vida” debieron pensar. Tres décadas después las cosas son muy diferentes. ¿Mejores o peores? No sé, juzguen ustedes.

Lo cierto en que en esos años el dopaje aunque no fue tema de portada ya convivía entre bidones, dorsales y coches de equipo. Un año más tarde Joop Zoetemelk emborronaba una legendaria trayectoria con un positivo en el Tour. El impacto del viejo Joop fue tremendo. Su carisma de sufridor denotaba a cuánto se podía aspirar con trabajo duro hasta que zas, la máquina pitó el 12 de julio de 1983.

Ya ven, el tema viene de lejos y la caprichosa historia hace por repetirse. Lo que entonces no pasaban de ser shocks donde los salpicados podían incluso elegir qué periodo les iba mejor para cumplir sanción, hoy amenaza con ruina para todo el ciclismo. No obstante como dijo el viernes uno en twitter: “Es más fácil que se acabe el mundo a que desaparezca el ciclismo”.

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