Las eternas desigualdades del ciclismo femenino

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Un día en una librería de Barcelona nuestra amiga Olga Ábalos encontró un ejemplar de Ciclismo Deportivo, edición 1967, donde pudo leer esta indecente regla.

Sí, en la España casi tardofranquista las mujeres tuvieron vetado el nivel competitivo sobre una bicicleta salvo que su interés fuera meramente social, es decir, sin premios ni nada en metálico sobre la mesa. En esa época el ciclismo femenino no tenía escalón profesional, algo que no ocurrió hasta prácticamente hasta entrados los noventa por mucho que en los cincuenta los Mundiales de ciclismo ya incorporaran el arcoíris femenino.

Sin embargo, y  a pesar de tan controvertida norma desde nuestra óptica, el ciclismo femenino nació obviamente en paralelo al masculino pues la bicicleta supuso un primer indicio de igualdad de sexos. En los años veinte, en la España que cocía a fuego lento la Guerra Civil, las mujeres tenían sus pequeños esparcimientos competitivos en el parque de la Ciudadela de Barcelona, por ejemplo. Nada serio. También probaron cierto regusto en las llamadas carreras de elegancia e incluso de disfraces que acontecieron en aquella deliciosa época.

Sin embargo, entonces como ahora, la situación es tangiblemente desfavorable para el ciclismo de mujeres. A la consabida desigualdad en premios y sueldos, está también el menor seguimiento, curiosamente en carretera, donde al margen de un puñado de corredoras, “las grandes” como les gustaba decirme a Marta Vilajosana, el resto casi malvive.

Pero incluso entre esas siete grandes que antes citábamos había perplejas carencias. Recordemos el discurso de Nicole Cooke el día que dijo basta. Al margen del consabido desequilibrio en premios, algo que Dori Ruano no para de repetir, estaba la desacralización del esfuerzo individual y desprecio del sacrifico dándole más pábulo a las historias de miseria y trampa de Hamilton, Armstrong y cia que a sus propias gestas. Aquí en España posiblemente la corredora que más titulares arrojó, seguro, en estos últimos cinco años, fue Maribel Moreno por su positivo por EPO previo a los juegos pequineses.

Porque no hablemos de la situación del ciclismo femenino español, que ahora mismo está en cuotas alarmantemente bajas. Y no, no es siempre la economía quien causa estragos. También está la miopía de sus gestores, que ampliamente argumentó aquí una que fue ciclista y lo dejó por que aquello no daba: Anna Ramírez. Aquí están las impresiones de Anna.

Por suerte el mundo de las dos ruedas tuvo un día que se equiparó entre hombres y mujeres, y ahí hablamos del ciclismo en pista. Hace una semana vimos mujeres ciclistas que fueron heroínas nacionales y se ganaron, y se ganan, generosamente la vida no del ciclismo en pista, pero sí a partir de él. Ahora mismo al margen de Marianne Vos y varias pistards, casi ninguna  puede decir eso. Y es que aunque nos miremos el ombligo en el corrupto profesionalismo masculino, las cosas no resultan sencillas en otros lados, y de la perspectiva global quizá entendiéramos lo precario que muchas veces está todo. Sólo mirar el caché de las tenistas y atletas. No estamos para lujos de obviar la mitad del potencial del crecimiento de este deporte.

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1 COMENTARIO

  1. Como mujer y aunque no sea ciclista, siento muchisimo las desigualdades que se dan en este deporte. Tan sacrificado y duro como es para los hombres, lo es para las feminas; que con los tiempos que corren aún se ven más perjudicadas.
    Descubriendo el ciclismo en pista, en el que parece las chicas si tienen mucho que decir.

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