Queen trajo la provocación en bicicleta

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Hubo un día que Freddie Mercury se pasó por el Tour de Francia. En julio de 1977, el excéntrico vocalista de Queen entró en Niza con la intención de conocer aquel espectáculo rodante del que todos hablaban en la Europa continental. El flaco cantante se quedó prendado. Lo que allí vio le encandiló. Despertó una pasión desmedida por el ciclismo y más concrétamente por la bicicleta.

Para entonces Queen ya era un grupo conocido. Dos grandes temas tuvieron su cuota de culpa. “We will rock you” y “We´re the champions” no eran dos canciones, no. Eran himnos acuñados por aficiones y fans de todo el mundo. Dos grandísimas canciones que estaban en el imaginario colectivo. Dos melodías en el ADN de muchas personas, grabadas, cosidas en lo más íntimo de su ser.

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Pero hete aquí que a la star británica el ciclismo le gustó mucho. Mercury afiló el lápiz y anotó las primeras tientas de una canción que expresara su afinidad con la bicicleta. El resultado fue esa pegadiza melodía “I want to ride my bicicle”, una canción homenaje a la máquina  con toda la retórica y envoltorio que ese inigualable grupo tenía siempre a punto para su producto.

Pero hubo más, al documento sonoro le acompañó un vídeo de singularidad marcada. Mercury quiso representar una carrera ciclista femenina por el tenístico barrio de Wimbledon. Las chavalas iban en pelotas, como Dios las trajo al mundo y acopladas en sus máquinas. Qué furor.

Aunque el Reino Unido no era entonces una potencia ciclista, sí que era un extraordinario “país- factoría” pues en la isla recalaban muchas firmas y no era una historia de advenedizos. El vídeo hizo fortuna, tuvo estruendo y contestación desde la conservadora sociedad inglesa. No podía ser de otra manera. En esta ocasión la polémica también llegó en bicicleta.

Imagen tomada de www.printsonwood.com

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