Chicas, pistards y adineradas

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Hablaba nuestro amigo Luis Román de que el ciclismo en pista femenino es el hermano pobre de masculino. Sin embargo, existen honrosas excepciones. Pocas pero las hay. Chicas adinteladas en un peralte que han logrado que su proyección mediática, añadida al respeto que en sus países confieren al ciclismo en pista, les haya reportado un estatus muy por encima del que frecuentemente encontramos en estos círculos.

La reina de la publicidad, el marketing y difusión es sin duda la británica Victoria Pendleton. Una sibarita con aspecto de Spice Girl, bella y afortunada, que cobra preciosos royalties en calidad de los muchos anuncios que ha filmado para el consumo de las islas. Contratos publicitarios, ahí es nada, con Pantene Pro V, Adidas, Samsung, Gatorade y la marca de tostadas Hovis, cuya grabación marca un perfecto engranaje con la actividad en la pista de esta ciclista varias veces campeona olímpica y mundial en carreras de velocidad.

En las antípodas hallamos un par de ejemplos. Los neozelandeses adoran a Sarah Ulmer. Campeona de persecución en Atenas es embajadora de la bicicleta en su lejano y bello país. Su acción como pionera patria en la obtención de un oro olímpico arrastra inversiones y proyectos relacionados con la comodidad y desarrollo de la bicicleta en su país. Por su parte la australiana y velocísima Anna Meares maneja un porfolio de patrocinios jugosos: Toshiba y Uvex, entre los más conocidos. Hurgando en su blog es muy concisa respecto a la planteada posibilidad de que el ciclismo debería ser excluido de los Juegos Olímpicos.

Dos ciclistas ya retiradas sacaron punta al filo del éxito y fortuna en los velódromos. Por ejemplo la francesa Felicia Ballanger acuñó numerosos récords de velocidad, fue tres veces campeona olímpica y acabó en política. Residente en Nueva Caledonia también ejerció de comentarista televisiva. En el mismo filo, Leontien Van Moorsel, campeona olímpica de puntuación en Sydney, proyectó su imagen a través de dos ramas: eventos relacionados con la bicicleta, principalmente femeninos, y una fundación para pacientes con trastornos alimentarios.

Como ven “haberlas hailas”, pocas pero las hay, sobre todo en aquellos países que muestran respeto y admiración por el trabajo bien hecho. Quizá un día nuestras Helena Casas y Tania Calvo, más las que hayan de venir, sueñen con una pizca, sólo una pizca, de lo que las mentadas han logrado.

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