Donde Beloki casi pierde el nombre

0
1
vistas

Yo estaba justo en la parte de abajo del campo, al otro lado de la carretera, cuando lo vi venir. No sé por dónde apareció, pero el corredor salía montado en su bici del campo que acababa de recortar. Nadie había hecho nada semejante hasta aquel entonces” dijo Rose-Marie Jousselme, alcaldesa de La Rochette en los Altos Alpes.

Un campo de alfalfa. No muy grande. Apenas una hectárea. Pero aquel 14 de julio de 2003 se dio a conocer al mundo del ciclismo con el espectacular y recordado campo a través de un americano con maillot amarillo llamado Lance Armstrong.

En un ejercicio de equilibrio, como pocas veces antes se había visto, Lance regresó a la carretera sano y salvo, con esa buena estrella que siempre le acompañó al menos en sus siete participaciones “victoriosas” en el Tour.

El cultivo, ya segado en aquella época -lo que facilitó la pericia de Armstrong-, era apenas un suspiro en el recorrido de aquel día. Ubicado en la parte final de la carrera, en la penúltima curva descendiendo del col de la Rochette, estaba delimitado por una fromagerie en la parte de arriba y una aldea en la de abajo.

Ni siquiera, lógicamente, estaba indicado en la hoja de ruta de aquella 9ª etapa de la edición del centenario.

No estaba llamado a ser protagonista, pero una placa de asfalto fundido por el sol de justicia del julio francés fue decisiva. Lance que, cómo no, iba líder, se había lanzado en la persecución de Vinokourov -ganador finalmente en Gap-, siguiendo la estela de un gran Beloki, segundo clasificado en la general.

El corredor de la ONCE tocó un poco el freno y su rueda trasera hizo un extraño, reventando el tubular y cayendo violentamente al suelo. Una caída brutal, espeluznante.

A todos se nos encogió el alma a ver a nuestro corredor allí tendido, gritando de dolor, en brazos de Manolo Saiz, desconsolado, que no podía hacer nada para que Joseba pudiera levantarse y echara a correr de nuevo con su bici. Eso era lo que todos queríamos. No pudo ser y el bravo corredor vasco se dejó en aquella maldita curva todas sus opciones de ganar su Tour con una triple fractura de fémur, cúbito y radio.

Porque aquel año era el suyo. Un día en el que el texano parecía humano.

Armstrong, que lo había esquivado por los pelos, daría después su versión de los hechos: “Viéndome allí, la única salida era intentar hacer un campo a través con la bici, embarcándome en una suerte de ciclocross cuando en unos pocos metros vi que lo mejor era continuar recto abriendo una brecha en el campo. Luego me desmonté y salté de nuevo a la carretera. Acababa de pasar como un hilo por el ojo de una aguja para evitar chocar con el pobre Beloki“.

Los detractores del americano, en aquella época, hasta le echaron en cara que tuviera tanta suerte y se encontrara de frente de nuevo con la carretera y el grupo perseguidor. Sin embargo a nadie se le ocurrió hablar de trampas porque recorriera 600 metros menos que el resto de corredores.

Lejos de allí, Danielle Giacomello y su marido Alain, ajenos a este desenlace, no pudieron oír llorar a Beloki. Una pareja a la que no les apasionaba especialmente el ciclismo. Un poco raro sí, siendo los dos franceses, vecinos de la población de Gap, una de las puertas de entrada a los Alpes. Pero ellos ni se enteraron. Aquel día no estaban en sus tierras y tuvo que ser gracias a unos amigos, que leyeron la noticia en los periódicos, los que les hicieron saber que aquella parcela que salía fotografiada en todos los medios deportivos, atravesada por un ciclista de amarillo, era la suya.

13672061_10210046549908204_239105587_n

Así supieron que aquel campo de su propiedad había saltado a la fama y se unía a otros lugares míticos de peregrinación para los cicloturistas. Pero para ellos este hecho, la verdad sea dicha, no les supuso ningún cambio sustancial ni tuvo consecuencia alguna en sus vidas, exceptuando el hecho de que, sobre todo al principio, eran visitados año tras año por miles de cicloturistas que se acercaban para eludir también la carretera y atravesar el campo.

Una tradición, un monumento, un paso obligado para todo aquél que se quisiera acercar hasta allí y echarse unas fotos junto al grueso tablero de madera pintado, instalado en 2005 a iniciativa de Jean-Marc Passeron, fundador del canal local de tv y radio, que recordaba la caída de Beloki y el “pasaje” de Armstrong, que quiso inmortalizar este episodio como se hizo con Fausto Coppi y su estela en el Izoard.

Poco más tarde el cartel fue robado, hasta que el llamado souvenir Passage Armstrong/Chute Beloki fue replantado de nuevo el 14 de julio de 2010 coincidiendo con el retorno a este lugar de la caravana de la Grand Boucle.

Una ceremonia de inauguración que contó con la presencia de Bernard Hinault, Bernard Thèvenet y Christian Prudhomme, y a la que asistieron un centenar de ciclistas que franquearon el famoso campo de Armstrong trazando la pintura amarilla marcada siguiendo los pasos del texano.

Ritual al que estaban invitados tanto Lance como Joseba, pero ni uno ni otro vinieron. Según la organización el americano ni se dignó a contestar, evidenciando una falta total de cortesía. Beloki tampoco pudo asistir pero al menos sí que contestó, argumentando que el lugar del accidente le traía malos recuerdos y aún le hacía sufrir. No era para menos. Completamente lógico. Fue la víctima más joven de la canícula del 2003.

Por Jordi Escrihuela desde Ziklo

Imágenes del Dauphiné- Libéré

INFO

Ya conoces los parajes por los que entrena Fran Zurita???