Donde el ciclismo es un ajedrez

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¿Os gusta jugar al ajedrez? Hace un tiempo, nuestro amigo Idroj, compartía su afición a la bicicleta con su “otro” amor: el juego ciencia. Eran fines de semana intensos, sábados de ciclismo y domingos de 64 casillas, jugando los diversos campeonatos que aún se siguen organizando a nivel comunitario. Eran jornadas en las cuales Idroj, cuando se levantaba por la mañana, no sabía si ponerse maillot y culotte y marcharse a dar jaques a sus contrarios, o bien tenía que coger el tablero para echar unas partiditas con sus amigos ciclistas.

Bromas aparte, la verdad es que siempre le había costado ligar ajedrez y ciclismo, encontrar ese vínculo que pudiera unir las dos aficiones. Imposible. Demasiado diferentes. Una cultiva el cuerpo y la otra la mente, aunque ambas se puedan complementar, ya que la bici despeja la cabeza y el ajedrez puede llegar a tener un gran nivel de exigencia física, con partidas que pueden durar más de 5 horas.

Sin embargo, en su última incursión en bici por tierras francesas, por fin iba a encontrar ese nexo por el cual podría relacionar sus dos pasiones. Cruzando la frontera por el Coll de Banyuls, después de un bonito paseo por la zona de les Alberes, llegaba a Banyuls-sur-Mer, en la comarca del Rosselló, preciosa villa marinera junto al mar Mediterráneo. Estaba en Francia, pero él se encontraba como en casa, no en vano esta zona es conocida como la Catalunya Nord.

Paró un momento, alzó la mirada y allá la vio: la Tour (torre) de Madeloc, a 657 metros de altura, atalaya dominante de la plana del Rosselló. Y efectivamente, lo primero que le vino a la cabeza fue la figura inequívoca de una magnífica Torre de Ajedrez, una torre gris, casi negra, como el color de las piedras que está construida, y se veía jugando una deliciosa e imaginaria partida medieval con Jaume II de Mallorca, monarca que ordenó construir esta torre de vigilancia en el siglo XIII:

1.e4…

Idroj, con paso decidido, iniciaba su asalto a la Torre negra, dando lo mejor de sí, y abría el camino con dos pedaladas firmes, avanzando hacia el Rey que la defendía por su flanco y, con prudencia, sin saber con cuántas celadas se iba a encontrar por el camino.
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Con este movimiento, el monarca planteaba la Defensa francesa, como no podía ser de otra manera, para proteger la fortaleza, luchando inmediatamente para defender su territorio con un planteamiento semi-abierto, donde la Torre quedaba escondida, a salvo de ataques prematuros.

Durante estos tres primeros kilómetros, Idroj encontró las típicas dificultades al 7, 5 y 6% que plantea esta defensa, un camino trillado, muy estrecho, que escondía pocas sorpresas, en un tablero incomparable, rodeado de montañas y viñedos, dejando el mar en el horizonte, brillante a los rayos del sol. En su último avance, Idroj pedaleaba con fuerza a lomos de su caballo metálico, para saltar una amenaza al 10%, al inicio del cuarto movimiento, al 7% de media, que le dejará bien a las claras que el asalto a la Torre negra no será fácil.

Al paso del quinto mojón, al 6%, el monarca probará de desestabilizar el avance de Idroj, con un primer jaque al 14%, para intentar dejarlo tocado del todo.

Después de superar con éxito este primer envite, vienen los primeros errores de la Defensa francesa. El camino se allana y el pedaleo se relaja, después de haber esquivado las primeras amenazas, pero sólo será una pequeña tregua, dos kilómetros al 4 y 2%, respectivamente, donde el corcel blanco recuperará el resuello.

A partir de aquí, el acabose, un desvío a la izquierda esconderá una variante desconocida: un tremendo camino hacia la cumbre, lleno de emboscadas. El arma sorpresa de esta Defensa francesa. Si no llevas un buen “desarrollo” de apertura, mejor no sigas, quédate aquí y pacta una tregua con el monarca, firma unas tablas que te conducirán tranquilamente, hacia la otra vertiente, por un suave descenso hasta la hermosa población de Colliure, donde finalizarás la partida.

Pero si eres un avezado guerrero, hábil con los trebejos, con ganas de lucha y bien preparado, sumérgete en el medio juego que te ofrece esta terrible y laberíntica variante. Dos kilómetros, el primero al 9% y el segundo, terrorífico, casi al 14%, por una carretera aún más estrecha, si cabe, y en mucho peor estado, con mucha gravilla suelta, aunque la ventaja que os encontraréis es que prácticamente no tendréis que compartir vuestros lentos movimientos con vehículo motorizado alguno, al estar completamente prohibido su paso a partir del cruce.

Es aquí donde por primera vez Idroj sintió miedo a perder, provocado por un terror escénico, al ver los bordes de los precipicios del tablero que se decantaban a lado y lado de la carretera, escarpada literalmente en la roca, donde en diferentes curvas a derechas e izquierdas el contrario le iba dando jaques en formas de muros al 15 y 17%. Sin embargo, la belleza de la partida, las verdes tonalidades de la montaña, en contraste con el intenso azul del mar, poderoso, le hacía arriesgar en pos de la victoria.

A la salida precisamente de una de estas paredes es cuando por fin verás la Torre negra, que hasta ahora permanecía escondida, enrocada en la montaña. El monarca se seguía defendiendo con amenazadoras y rápidas jugadas al 24%, donde Idroj a punto estuvo de rendir e hincar la rodilla, antes de un breve respiro en forma de rellano, para afrontar los últimos peligros del rival y derribar la última defensa: una pequeña barrera que tendrás que sortear, para defenderte de nuevos demoledores jaques, e intentos de mate, al 23 y 24% y un último al 14%, antes de que el monarca abandone, definitivamente y parando el reloj, al no haber defensa posible de la Torre.

Si has llegado hasta aquí habrás vencido, habrás conducido la partida en igualdad hasta el medio juego, pero a partir del pase al final, sólo el sacrificio te llevará hasta la victoria.

Por Jordi Escrihuela, desde Ziklo

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