¿Dónde está la prometida mejora de Pierre Rolland?

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Valiente repaso le ha pegado Oleg Tinkov al ciclismo, como nota de despedida, no deja palo por tocar, a este excéntrico ruso se le puede tachar de muchas cosas, pero no hilvana sentencias sin más, aunque a veces las adorne de tonterías, por esa boca salen impactantes verdades, que contadas de forma irreverente, parecen frivolidades.

Siempre me ha gustado la relación que tiene el magnate ruso con Jonathan Vaughters, un “entrepreneur” ciclista que también sembró de frases para la posteridad hasta llegar hasta donde llegó. Tinkov tilda su Cannondale como el “Mickey Mouse” del pelotón, rara vez escuché equivalente tan fino y bien llevado.

Recordaréis un post de hace tiempo en este mal anillado cuaderno en el que nos asombramos por las palabras de Vaughters cuando tomó la medida de quién era Pierre Rolland. Hablaba de un ciclista anclado en el pasado, que entrenaba como en los setenta. Un típico producto francés, “demodé”, que en sus manos daría los frutos deseados, porque él, adalid de lo que sea, le haría entrenar acorde a los tiempos.

Cuando empezó el Tour estuvimos atentos a Rolland, y lo metimos en la lista de los “a seguir” para ver si el equipo norteamericano sacaba de él el rendimiento que los del Europcar, menudo recadito para Bernaudeau, nunca atisbaron en tal ciclista.

Tres semanas después podemos decir que Rolland está dónde estaba, si no un poco peor, porque al menos cuando vistió de verde ganó un par de etapas en el Tour, una en Alpe d´ Huez, a Alberto Contador, nada menos, gentileza de Samuel Sánchez, que pareció gregario del francés más que otra cosa.

Volviendo sobre los pasos de Rolland, lo cierto es que no arrancó mal el Tour. Concentrado, seguro, su elegancia sobre la bici emergía en las primeras etapas decisivas, ahí entre los grandes nombres, hasta que el motor empezó a flaquear y acabó descolgado. Las caídas pusieron de su parte, pero creo que a Rolland es complicado sacarle del atolladero ya. A partir de ahí, con la lluvia salpimentando la situación, acabó como un nazareno para cumplir con su obsesión de llegar a París.

Rolland no ha hecho nada especial en el Tour por el mero hecho de pertenecer al Cannondale y trabajar con Vaughters, no es que nos alegre, pero prueba que esta mal llamada familia ciclista está poblada por todo tipo de miembros desde auténticos bocachanclas a cuñados en mesa de Navidad, y esta categoría quedó Vaughters.

Por cierto que hablando del Cannondale, mirad las declaraciones de los ciclistas del equipo verde al llegar a París, un bonito documento con excelentes fotos.

Imagen tomada de www.sbs.com.au

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