¿Dónde están los sprinters de la Vuelta?

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Mirando la historia de la Vuelta a España vemos que su máximo ganador de etapas es un corredor que era rápido, Delio Rodríguez, el ciclista gallego que logró registros inalcanzables tras la Guerra Civil. Bajamos el dedo en la lista y vemos que la Vuelta a España es Alessandro Petacchi, Rik Van Looy, Marcel Wust, Eddy Planckaert, John Degenkolb, Mathieu Hermans, Jean Paul Van Poppel, Erik Zabel, Djamolidine Abdoujaparov, Nicola MInali y Oscar Freire. Incluso ciclistas polivalentes y veloces también lograron triunfos al sprint: Laurent Jalabert, Txomin Perurena y Sean Kelly.

Ya veis, la Vuelta es también velocidad y su historia la han escrito también hombres con punchs en las llegadas. Hace un año en nunca bien ponderado Mark Cavendish hablaba de “una Vuelta estúpida” en relación al empacho de llegadas en alto y aislamiento total de los hombres rápidos del pelotón, que poco a poco han desistido de venir a disputar una carrera en la que se pasarían el 75% de su tiempo persiguiendo y sufriendo por no llegar fuera de control.

Si comparamos la lista histórica de velocistas de la Vuelta, lista en la que están también los dos mejores velocistas que yo he visto jamás Cipollini y Cavendish, aunque con menos victorias que los citados, con la nómina de la presente, el mero contraste nos deja perplejos. Los sprints de esta Vuelta han sido ganados por Gianni Meersman, dos veces ganador y tercer velocista del Etixx que no trajo ni a Kittel ni a Gaviria, Jonas Van Genechten, Jens Keukeleire y Jean-Pierre Drucker, quien en Peñíscola batió a Selig, Arndt y Meersman, éste sin equipo que le impidiera lanzar el sprint a una eternidad para acabar descolgados.

Las palabras, proféticas diría yo, de Cavendish han prendido en el gremio de la velocidad. Si añadimos esta situación a lo que Nico Van Looy comenta es este artículo , muchos ciclistas deseando “acabar y no volver a la Vuelta”, convendremos que la carrera, en su eterna búsqueda de personalidad y estilo, se ha pasado de frenada.

Sé que las etapas llanas controladas por equipos de velocistas no son las más vistosas, sin embargo se hacen pasar como previo a la celebración de un momento mágico y eléctrico llamado sprint. La primera semana del Tour fue un ejemplo de ello. Victorias agónicas, como la de Kittel sobre Couquard, la resurrección de Cav, las frustraciones de los velocistas alemanes,… todo contribuyó a dar vistosidad a la carrera y al tiempo permitir al pelotón que rodara con cierto orden, lo que no acumuló cansancio innecesario en los ciclistas.

Porque esa es otra, el pelotón de la Vuelta a España está deshuevado, auténticamente reventado. Este año creo que se han cortado en la incursión de muros asfaltados por donde hace dos o tres años subían sólo los forestales. Ezaro, Mas de la Costa y La Camperona han sido los esogidos esta vez. Sus resultados han sido tan pingües que la sola insistencia en frecuentarlos carece de sentido. Hasta Contador, garante del espectáculo, lo ha dicho: “No hacen hueco, no hay diferencia de velocidad entre los más fuertes…”. Si lo dice él…

Imagen tomada de FB de IAM

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