¿Dónde quedó a épica del ciclismo?

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Hoy ha tenido  lugar en la bellísima Toscana la Strade Bianche, una especie de Roubaix a la italiana que sustituye los adoquines por polvorientas sendas y peligrosos descensos –no he oído a nadie hablar de la seguridad del ciclista- por medio de los cuidados campos del centro de la “bota” y culminando en la plaza de Siena, il Campo, un lugar mágico, como todos en la zona, que envuelve al ciclismo de la excelencia paisajística y medieval que nunca debería omitir y ello va por nuestra querida Vuelta, tan frecuentada en lugares tan desenvueltos como poco atractivos.

Menuda polvareda
La carrera italiana viene a refrescar aquellos axiomas que la modernidad ha desgastado hasta casi olvidarlos. Axiomas que hablaban de halo romántico, de cierto sabor legendario, de, en definitiva, la épica que muchos creemos se ha quedado por el camino. Ésta se halla en cualquier momento, surge por donde menos se imagina y no entiende de tiempos. Sin embargo la cuadrada pizarra de nuestros mentores la diluye.  
En mi opinión la épica no es sólo la carrera o la singularidad del lugar, que también. Por ejemplo nunca hablamos de ella cuando al ciclista nos referimos y creo que es un craso error. Sin ir más lejos, si rescatamos de la memoria este pasaje de la París-Niza de 1965 protagonizada por Jacques Anquetil versus Raymond Poulidor en primera persona y jugando a la “segunda guerra mundial” en pleno mes de marzo como alma que lleva el diablo. No olvidemos las tremendas reyertas que mantuvieron Luis Ocaña y Eddy Merckx en la Setmana Catalana una década después. Aquellos primeros espadas lo eran todo el año. Hoy en periodos muy determinados.
Hace un tiempo hicimos aquí una reseña de los duelos entre Alberto Contador y Andy Schleck, al margen del Tour de Francia, enfrentarles un “head to head” dentro del CQ Ranking aporta un silencioso vacío de resultados, y no por que el español no se prodigue más allá de julio, en este caso es el luxemburgués quien omite todo lo que no sea Tour. ¿Significa ser un grande por muchos podios y maillots jaunes que acumules en la mejor carrera del mundo? Yo diría que sí, que por defecto lo eres, pero eso, por defecto y dando una sensación de tu deporte de total indefensión ante otros que, como el tenis, nos ofrecen excelentes menús competitivos tres, cuatro y hasta cinco veces. ¿Cuántas veces vemos jugar a cara de perro a Nadal y Federer cada año?. Las comparaciones son odiosas.
En otro orden, y volviendo a las carreras y su leyenda intrínseca, no hace mucho machacábamos sobre el teclado un despiece de la paleta de colores que despiertan alrededor del ciclismo. La amalgama surgida en varios comentarios aquí relatados daba la clave sobre el marrón de la Strade Bianche. No dejó ello de sorprenderme, que una carrera, por singular que sea, como la que muere en Siena, sea mentada tantas veces habiéndose celebrado tres ediciones no deja otra cosa que entrever que la épica quedó definitivamente por el camino. No sé vosotros, pero yo no desespero. Confío en volver a verla y disfrutarla. Ahora que estamos en tiempo de “falsa” primavera, es el momento de confiar más que nunca.
Y hablando de leyendas y mitos, esperamos el voto en la encuesta sobre el mejor clasicómano. Como siempre agradecemos el voto aquí debajo sobre lo que os ha parecido la entrada.