Donosti, la crontracrónica

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La Clásica de San Sebastián, carrera que viene celebrándose por tradición a principios del mes de agosto tras haber finalizado el Tour de Francia, que nos ha tenido absorbidos por el período de tres largas semanas. Nuestro país, justo hay que decirlo, que no cuenta desgraciadamente con muchas competiciones de rango internacional de un sólo día, ha acogido con interés y hasta atención deportiva esta prueba que cuenta con cierta relevancia. El holandés Bauke Mollema, que tuvo precisamente una actuación relevante en el Tour, nos ha brindado una valiosa victoria digna para ser elogiada. El hombre de los Países Bajos llegó a la meta con ligera ventaja, la suficiente tal como suelen moldear los valientes. Su ventaja fue de dieciséis segundos sobre Tony Gallopin (2º) y Alejandro Valverde (3º). Los tres pisaron el pódium, un honor que da importancia a su prestación.

Las dificultades para poner en marcha esta competición

Esta clásica de referencia no tiene una excesiva antigüedad. Lleva treinta y cuatro ediciones en su historia y hacemos votos para que siga conservando esta continuidad que todos bien deseamos en un ciclismo que de varios años a esta parte se ha visto obligado a ir prescindiendo de ciertas carreras de prestigio, que no han podido perdurar en el calendario básicamente por falta de medios económicos sustanciales. Los encargados de organizar y poner en marcha esa clase de carreras conocen al dedillo el meollo de esta cuestión y los esfuerzos que deben realizar para mantenerlas a toda costa a flote sin ahogarse por la falta de dinero, este poderoso caballero.

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Escaramuzas que no sobrevivieron

La prueba constaba de más dureza con respecto a ediciones anteriores. Se debían salvar nada menos que seis ascensiones, tomando en consideración que tanto el conocido Jaizkibel y como el Arkale se cubrían por partida doble. Desde que se dio la salida oficial a los concurrentes hubo varias escaramuzas cortas que no llegaron a fructificar. Uno tenía la sensación de que la carrera, controlada por varios equipos de cierto fuste, debía resolverse atacando en la parte decisiva y final. No valía la pena echar pólvora en salvas. El gran pelotón en todo momento registró un alto promedio, eso sí, pero cada cual aguantó su vela con cierta facilidad. Los ciclistas actuales están mejor preparados para soportar físicamente lo que sea, incluso en los terrenos de configuración difícil o intrincada. Era una temeridad con tanto control por parte de los equipos dominadores de la situación el atacar así como así a las primeras de cambio.

A una veintena de kilómetros del final -agitados estaban los ánimos de los corredores-, el grupo de vanguardia fue disminuyendo hasta pisar las estribaciones, zona extremadamente boscosa, del conocido Monte Igueldo, que tiene un eco turístico sin igual para lo que visitan la ciudad de San Sebastián, adornada majestuosamente por su amplia y arenosa concha, una visión que llama poderosamente a la atención a cualquiera.

El golpe decisivo

Fue en el puerto de Murgil Tontorra en el citado Monte Igueldo, que se situaba a algo más de 7 kilómetros de la línea de llegada, con rampas del 20%, en donde la situación de carrera se hizo más trascendente o palpable. Rompieron el cerco el veterano Adam Yates, vencedor de la pasada edición, que pronto capituló; quedando al mando nuestros dos representantes españoles, Joaquim Rodríguez y Alejandro Valverde, el holandés Bauke Mollema y el francés Tony Gallopin. Entre una cosa y otra, este lucido cuarteto libró la decisión final de la prueba guipuzcoana.

El holandés Mollema, cuyo apellido se nos hizo tan familiar en el curso del pasado Tour, quiso evitar a toda costa el mantenerse con sus compañeros de escapada. Temía una llegada a la meta al “sprint”, que le llevaría a perder la partida. En el descenso al puerto, con no poco riesgo, apuró al máximo sus posibilidades. Efectivamente, salvado el último escollo de la jornada, evadió en solitario con voluntad y con mucha entereza de tal manera que ya no pudo ser alcanzado, conquistando una gloria bien trabajada.

El mal recuerdo de Mollema en el Tour

El último Tour de Francia nos deparó más de una sorpresa, especialmente en el transcurso de las concluyentes etapas alpinas. Durante varios días brilló con evidente soltura este holandés, nacido en la ciudad de Groningen, que se sitúa en la parte norte del país. Cuenta con 29 años. Llegó a ocupar durante varias etapas el segundo lugar en la clasificación general a la sombra del británico Chris Froome, el líder. Pero los acontecimientos fueron deprimentes para él en la dura decimonovena etapa, que finalizaba en la localidad de Saint-Gervais, no lejos de las estribaciones del coloso Mont Blanc. Sufrió una terrible caída de la cual se recuperó sólo a medias. Terminó el Tour en la decimoprimera posición, esfumándose su cara ilusión en la prueba más cotizada del calendario ciclista internacional. El tan esperado podio truncó en definitiva sus caras esperanzas. Todo había sido como un sueño al igual que acontece con una pompa de jabón, que es empujada bajo el impulso del viento y explosiona al son de tu entorno no lejano ¡Vaya decepción!

Mollema, profesional desde el año 2007, actualmente milita en las filas del equipo estadounidense Trek-Segafredo. Pesa 64 kilos y mide un metro con 81, lo cual nos traduce que su contextura física es más bien liviana. Es de destacar su triunfo absoluto logrado en la Vuelta al Porvenir en el año 2007, que supuso toda una garantía. Igualmente, se adjudicó el Circuito Montañés más una etapa. En el 2010, se recuerda su victoria en la Vuelta a Polonia y su decimosegundo lugar en el Giro de Italia. Al año siguiente, conquista la elástica verde en la clasificación por puntos de la Vuelta a España, y, además, se clasifica el cuarto en la tabla de la general. Dos años más tarde, se adjudicaría una etapa en la Vuelta a Suiza y otra en la Vuelta a España. En el 2015, venció en el Tour de Alberta (Canadá).

Vale la pena destacar sus prestaciones más llamativas en el Tour de Francia. Veamos: Sexto (2013), décimo (2014), séptimo (2015) y decimoprimero (2016). Esta continuidad nos convence. Lo transmitido aquí denota que es un corredor con cierta clase. Nuestra exposición de datos es sobre todo muy simplificada. Pero con ello tendrán una idea más clara acerca de sus antecedentes sobre las dos ruedas, antecedentes que no son ni mucho menos despreciables.

Haciendo un poco de historia

Realizando un breve recuento histórico de la aludida Clásica de San Sebastián, que celebraba su trigésimo sexta edición, no podemos por menos que señalar que ha habido un corredor español, el norteño Marino Lejarreta, que fue ciclista destacado en otros tiempos, al que le ha correspondido el justo aplauso de haber inscrito su nombre en tres ocasiones a lo largo del historial de esta prueba (1981, 1982 y 1987).

La primera edición de esta prueba data del año 1981, con victoria precisamente del aludido corredor vasco. Por otra parte, si constatar que ha habido cuatro corredores que han conseguido un par de victorias en esta misma competición. Se trata de los españoles Luis León Sánchez (2010 y 2012) y Alejandro Valverde (2008 y 2014), el francés Laurent Jalabert (2001 y 2002) y el italiano Francesco Casagrande (1998 y 1999). Otro dato a señalar es que España lleva logradas doce victorias; siguiéndole Italia, algo más alejada, con siete, y finalmente, con cuatro, figuran Francia y Países Bajos.

Por Gerardo Fuster

Imagen tomada de web de Trek

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