¿Dopaje en el fútbol?. No me hagan reír

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Anda el patio revuelto entre las dos instituciones de referencia en nuestro país, ellas son FC Barcelona y Real Madrid. Al margen de que los trípticos deportivos de la nación dan por segura la celebración de cuatro partidos del siglo el próximo mes de abril, el universo futbolístico ha experimentado en los últimos tiempos un último giro de tuerca en materia de generar expectación. Al parecer surgieron rumores del club madrileño de dopaje en el seno de máximo rival. Todo con una emisora de radio como hilo conductor.
Obviamente el que estas líneas suscribe no tiene ni la más remota idea de la veracidad de dichos rumores. Más quisiera yo hallarme en disposición de saberlo, pero no es el caso. Sin embargo, no es desdeñable el modus de la acción. La palabra tabú en la corteza del deporte profesional, dopaje, aparece últimamente muy relacionada con el entorno futbolístico –también se miró a la selección cuando se cazaron a los “galgos del atletismo”- aunque con un sentido muy diferente al que se otorga en otros deportes, dígase el ciclismo. El dopaje en el fútbol, si existiera, se utiliza cual arma de arrojo para consolidar la ya de por sí monopolística atención que sabe agarrar el magno deporte del balompié. Ya no contentos con polémicas artificiales, caso del calendario y las “mourinhadas”, el imperio futbolístico quiere acuñar nuevos territorios en la generación de artificios para seguir a lo suyo, eclipsándolo todo.
Y es que hay una vieja teoría que habla que la demanda surge allí donde se instala la oferta. En otras palabras. Si tú generas espectáculo logras que el foco se sitúe sobre ti. El fútbol por sí es origen infinito de este tipo de acciones, pero también ha ocurrido en otros deportes, sobretodo en los del motor, donde el seguimiento desproporcionado de algunos medios les ha dotado de un aluvión de audiencia difícilmente asumible en otras circunstancias. Ayer por ejemplo pudimos ver el especial de Moto GP en La 1. Eso sí que es trabajar la audiencia y predisponer la parroquia a estar expectante.
Eso es lo que echamos en falta en el ciclismo. Una apuesta definitiva e integral por alguno de los grandes grupos que le valga el reconocimiento que este deporte merece. Miramos con envidia los magazines post etapa del Giro y los programas nocturnos del Tour. Son un par de ejemplos, de cómo bien trabajados los proyectos de cobertura global pueden garantizar el éxito de grandes eventos deportivos sin necesidad de caer en lo  soez y burdo. No podemos creernos que el ciclismo no sea capaz de concitar tales grados de notoriedad si las cosas se hicieran bien. No nos lo podemos creer.
Sólo un apunte. Oscar Freire opta esta tarde a ganar por cuarta vez la Milán- San Remo por mucho que haya que bucear profundo en los grandes medios para hallar tal información. 

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