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Dopaje mecánico: la nueva gota malaya del ciclismo

Opinión ciclista

Dopaje mecánico: la nueva gota malaya del ciclismo

Dopaje mecánico: la nueva gota malaya del ciclismo

Cambrils ZC, Gran fondo

Motorcillos, ingenios, ayudas eléctricas… el dopaje mecánico está de moda

Seguimos con el goteo de dopaje mecánico. Cuando Lance Armstrong se sinceró hace unos años, por estas fechas además, frente a Oprah nos sentimos profundamente decepcionados porque todo sonaba hueco, comercial e interesado. El corredor hizo trampas, lo admitió abiertamente, pero hasta su confesión pareció parte de un guión minuciosamente escrito, por quién no lo sé, con el único objetivo de mantenerse y alargar su presencia en la primera línea.

Eso fue, repito, lo que nos pareció a nosotros.

Desde entonces mentar Lance Armstrong es como mentar el demonio, una suerte de juguete roto, un pozo de las penas donde ahondar cualquier mal que se le atribuya a este deporte.

El americano sigue saliendo en los medios, el otro día estuvimos muy de acuerdo con lo que dijo sobre el tema de Chris Froome e incluso será invitado en el próximo Tour de Flandes.

Pero Armstrong cometió un error el día que confesó, abrió la puerta de carroñeros para ser la diana recurrente en caso que le vengan mal dadas en el ciclismo.

Hace un par de años supimos del primer caso de dopaje mecánico. Una imprudente ciclista belga sub 23 de ciclocross fue cazada. Supongo que ver una bicicleta debe causarle alergia tanto tiempo después.

Muchos adujeron que si la trampa corría en una modalidad preciosa, pero minoritaria, como el ciclocross, qué no habría en la elite, como si las apuestas ilegales en segunda división B significaran que en la Liga se multiplican por mil.

Pero en ciclismo somos más papistas que el papa, nos gusta el flagelo y el hurgue en la herida.

Y el dopaje mecánico es esa nueva herida, una gota malaya que administrada con sapiencia y el apellido Armstrong de por medio, pues resulta apetecible.

Donde hace un tiempo era doctor Ferrari, poned ahora a Istvan Varjas “et voilà”, tenemos al especialista húngaro que presuntamente insertó un motorcillo a Lance en sus años de Tour.

Con todas las marcas lanzando sus eBikes, se riza el rizo.

A su confesión de tomar EPO, añadimos los 140 vatios que el tejano tuvo durante cinco minutos en cada etapa de montaña, un punch decisivo, cuando todos van al límite. Dopaje mecánico: Un punch del tamaño de una memoria de USB.

Toma ya. Lanzada la noticia, los medios la recogen. En la guerra mediática gala, Le Monde, antagonista de L´Equipe, nunca escatimará arrojar porquería sobre el Tour, por muy símbolo francés que sea. Y así recoge en destacado la noticia, noticia que reproducen otros medios, que no necesariamente tiene interés en el ciclismo, salvo que sean miserias.

Y tenemos la bola de nieve hecha, la duda lanzada y un libro vendiéndose como churros.

¿El daño? No importa, hablamos de ciclismo, el deporte que todo lo aguanta, que todo lo encaja. Noticias que hablan de sospechas tratadas como hechos consumados, que se demuestre que esas sospechas sean ciertas o no, ya no es relevante, interesa el titular que con otros deportes, que con otros ámbitos no habría cojones a generar.

Y la rueda gira y gira. Si una cosa nos demostró Lance Armstrong con su confesión es que ser sincero es óbice para que te destripen, incluso cuando no viene a cuento, un día le señalarán por echar azúcar al yogurt azucarado, es como esa madeja de hilo que estirando, estirando, se queda seca.

En este caso, la madeja es el ciclismo.

Imágenes tomadas de pantallazo de Le Monde y Pinterest

 

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