El arquitecto de la palabra “Flandrien”

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Hace cien años por ese mundo pululaban personas increíbles. El original JoanSeguidor, por ejemplo. Lo que ahora acertamos a llamar emprendedores, entonces eran locos, desceebrados, aunténticos insensatos a juicio de la la sociedad, que emprendieron, sí emprendieron, proyectos que llegaron a marcar vidas y destinos de generaciones enteras.

Nuestro hombre de hoy se llama Carolus Ludovicus Steyaert, si bien muchos lo conoceréis por su nombre de periodista, Karel Van Wijnendele. Este personaje acuñó, al calor de su cocreacion, el Tour de Flandes, la palabra que cada primavera vemos en miles y mires de crónicas, tweets y post. Definió el concepto de “Flandrien” ese que por ejemplo es Peter Van Petegem, pero no Tom Boonen, pues si el primero es de Flandes Flandes, del puro centro, vamos, el otro es de Bramante en el límite con Amberes, algo así como ser de Baracaldo y llamarse bilbaíno.

Para Van Wijnendele el “Flandrien” no era duro, era acero puro, un auténtico junco que no se doblaba por nada en el mundo y mucho menos por esos recorridos en forma de círculos que un día trazó con su compañero del alma, Leon Van Den Haute, para dar forma al dibujo del primer Tour de Flandes de la historia, el que se celebró el 25 de mayo de hace 101 años con salida a las seis y cuarto de la mañana y Paul Deman ganador.

Pero si para el padre de la criatura, Van Wijnendele, un “Flandrien” debe tener “unos cojones que no le caben en la entrepierna”, para Walter Godefroot, del mismo Gante, el tipo de “Flandrien” es aquel que nunca se conforma y siempre se rebela por estar dominado, si no es por un valón, por un holandés y sino por un alemán.

Sea como fuere el venerado personaje de Van Wijnendele tiene sus claros y oscuros. Los primeros hacen referencia a su tremenda facilidad para encadenar palabras con una pluma en la mano y su innegable favor a la historia del ciclismo belga, siendo incluso seleccionador nacional para el Tour. Fue tanta su influencia que la “Grande Boucle” pasó por su jardín en 1951.

Sin embargo en sus memorías no quedan claras sus avenencias con el regimen nazi. Si bien finalizada la Segunda Guerra Mundial recibió una carta de agradecimiento del general aliado Montgomery por su contribución a la causa, las diferencias entre valones y flamencos que los nazis propiciaron en provecho propio no fueron mal vistas por este personaje que si de una cosa se le pudo acusar fue de ser flamenco de arriba abajo, de fuera adentro. Un “Flandrien” hasta entraña.

Historia inspirada del Procycling de marzo y foto tomada de karelvanwijnendaele.be

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