El borroso contorno de la ética en el patrocinio ciclista

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Una afamada marca de colchones ha escogido a Alberto Contador para su última campaña de publicidad. Una acción multimedia que aúna diversas vertientes de esta comunicación publicitaria que hoy se sostiene por muchos vértices, saltando aquellos límites que imponía la prensa de toda la vida. Límites temporales, de lugar,… hoy estas acciones son de 24 horas, con efecto tangible y golpeo incesante sobre el consumidor.

Cómodo, cómodo
Llama la atención por eso la elección de un ciclista, en pleno proceso de inactividad por una sanción,como eje de una acción que, supongo, no habrá sido barata. Y llama  la atención por que sinceramente no entendemos entonces esa llamada buena fe del mecenas cuando se sorprende ante ciertas animaladas de sus chicos una vez surgen escándalos.
Es curioso que se machaque el dopaje  desde quienes ponen el dinero en pos de un deporte limpio e inmaculado -eso tan evanescente-, y luego alguna de estas pretendidas empresas para el mecenazgo ciclista acabe articulando su publicidad de esta manera y acompañado de un corredor como digo ahora mismo sancionado. Justa o injustamente, pero sancionado. 
Pero no sólo eso, la campaña ejerce a su vez de motor de opinión, muy criticable, desde luego, sobre el fallo y su acierto. “Haré una etapa del Tour pero no una cualquiera, correré la etapa reina del Tour que me quitaron” dice textualmente el ciclista bajo el amparo de la marca que le contrata, suponiendo pues que la misma suscribe esta teoría. Lisa y llanamente arriesgado.
Desde tiempos inmemoriales, desde aquella vez que un médico fue pillado con un hospital en su maletero camino de la salida del Tour 98 en Dublín, la excusa del dopaje ha sido manido recurso para rescindir patrocinios, a veces de forma traumática e injustificada. Salidas escandalosas como las de Liberty, T Mobile e incluso Mapei y Festina, años antes, reportaron un daño irreparable, dicen ellos, a la marca, pero también les dio un nivel de conocimiento brutal, como de otra manera no habrían logrado y desde luego nunca al precio que el ciclismo les brindó. Ese impacto lo valoraron, seguramente, desde el departamento de marketing de la entidad colchonera. 
Y es que queramos o no, estamos ante un nuevo signo de los tiempos, de nuestro tiempo. Un signo que habla de intereses, de dinero. La siempre cacareada hipocresía, sí, en este caso, flagrante, pero válida, como salvoconducto de supervivencia, de salir adelante. Ahora bien, qué no habremos de preguntarnos cuando otra marca salga de estampida ante un caso de dopaje en el seno de sus patrocinados
Foto: Prensa de Alberto Contador
  • Muy muy bueno este artículo, así sí

  • Es posible que el ciclista en cuestion necesite sanear un poco sus cuentas después de tantos tiras y aflojas con la justicia y es muy probable que el anunciante haya visto una oportunidad en ello.Estoy de acuerdo que en los últimos años al "carro del doping" se han subido demasiada gente… llevandose con ello una publicidad extra.Cruzaremos los dedos para que la temporada que ya está en marcha las cosas sean diferentes.