El castigo a Johan Bruyneel se queda pequeño

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Le han caído diez años a Johan Bruyneel, me parecen pocos. Escaso castigo para uno de los grandes impostores de este deporte y diría que del deporte en general. A su vez, creo que el belga no fue muy diferente a lo mucho que le rodeó, pero mientras otras piezas caían, en serpentín, no le vi clamar, ahora que le crujen a él, chilla.

Cuando Bruyneel dirigía el mejor y más poderoso equipo del mundo la inmundicia rodeó a muchos de sus compañeros de profesión. La justicia cayó sobre rivales que su pupilo batía con gran superioridad. Acusaciones fundadas muchas de ellas, sin duda, pero con los mismos argumentos que al final han podido desalojarle de su pedestal aunque con un añadido que no es baladí.

Johan Bruyneel y su amigo Lance Armstrong han hecho gala de una prepotencia supina pues fueron tan lejos en su experimento que han dejado un socavón de siete años en el historial de la más importante carrera del mundo, un agujero que considerado en otros deportes los habría tragado como quien desagua su bidet, pero que, sorprendentemente no ha matado al ciclismo, el deporte, por otro lado, que les dio todo, incluso las comodidades presentes seguramente pagadas con los réditos de entonces. El sueldo por ser  un “pusilánime pocimero”.

Creo que las responsabilidades de Bruyneel fueron obvias, sobre todo desde el momento en que el matón que tuvo por ciclista, Lance Armstrong, cantó en prime time de una forma que nunca se imaginó, sin embargo pensar que todo está arreglado una vez extirpado el belga del sistema es una ingenuidad. El ciclismo dice haber pasado página y queremos creerlo pero siempre, cada época, tiene sus nuevos apóstoles y gente que ha bramado muy alto contra el dopaje ha sido posteriormente cazada y sin embargo siguen ejerciendo el oficio, desde dentro, como “apostolando” desde una suficiencia moral que no les corresponde.

Esperemos, deseemos que la máquina no pite, pero cosas raras están pasando, muchos están hablando más de la cuenta, mostrándose nerviosos y serviles, y ciertas actitudes no cuadran con la realidad que hace un año teníamos por normal. Corredores que firman una campaña extraordinaria pero que desaparecen del mapa, equipos que practican tolerancia cero con ciclistas arrepentidos en sus filas una vez el cerco se hizo insostenible, equipos que pontifican pero que se borran de los primeros puestos  de forma “nada” sospechosa,… son esas cosas que, a los que estamos escarmentados, nos hacen temer lo peor y creedme cuando digo que quisiera estar equivocado.

Imagen tomada de www.puntoencuentrocomplutense.es

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