El ciclismo de “cuñaos”

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Otra noticia, otra más. El Diario del Triatlón puso ayer esta nota en su Facebook. En resumidas cuentas en una encuesta realizada a 2000 ciclistas de la QH de 2012 más del 8% admitía coqueteos con el dopaje. Me parece escasa esa cifra, aunque relevante. No sé si entre los encuestados estaba el primero en esa edicion, José Belda, protagonista de una de las historias más rocambolescas de nuestro ciclismo en tiempos recientes.

Me sorprendió por eso algún comentario admitiendo extrañeza sobre cuán extendido está el dopaje en el deporte popular. A mí sinceramente, me extraña, como dije, que sólo el 8% saliera de ese estudio. Sólo cabe ver las periódicas redadas en gimnasios y anuncios de controles en carreras populares, para comprobar que el tema está extendidísimo y tristemente instalado.

Hay permisividad ante el dopaje entre nuestros iguales y eso también nos da un plus para pasar por alto lo que hagan los pros y similares. No es de recibo, sinceramente. Sé que cada uno hace con su cuerpo lo que le apetece y lo lleva hasta el límite que le conviene, pero entonces hablamos de deporte y salud o simplemente de auténticos flipados que necesitan sentirse protagonistas un ratillo en la carrera de su pueblo.

Es el “ciclismo de cuñaos”, ese que en la cena de Nochebuena sacas a colación para marcar paquete ante los tuyos, aunque se base en porquería. Gigante con pies de barro.

¿Quién tiene la culpa? pues todos en general y algunos más en particular. Hay un lema sobre dónde está el limite que define bien lo que se está promulgando, deporte hasta más allá de los permisible, porque sí, porque yo lo valgo. El otro día Eric Monasterio, quien nos describía las miserias de verte en un abanico, dijo que en su preparación para la maratón de Florencia prefería sacrificar tres días de entrenamiento -que no es una tragedia- a joderse más por un resfriado. Ese es el problema, que nos creemos más machotes por salir medio resfriados o incluso con fiebre mal disimulada con paracetamol. Lo siento, eso no es deporte, eso es de descerebrados. Y que conste, yo salí con fiebre hace años, y nunca más.

El problema es esa enfermedad de buscar la mejor marca, el registro más notable,… hay marchas, puras marchas, que se venden como competiciones y que además, al concluir, anuncian ganadores, cuando no es más que una vuelta de x kilómetros que otrora sería una plácida travesía por parajes de cierto encanto. Ese problema, unido a las muchas tonterías de quienes preguntan por el límite, converge en lo que vemos y en lo que podríamos ver, que un día una organización por alentar tanto sus participantes vea que uno se le va en vivo y en directo. Entonces vendrán las lamentaciones.

Imagen tomada de www.todobicis.net

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