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El ciclismo impune e impugnado

Opinión ciclista

El ciclismo impune e impugnado

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En el documental que Teledeporte le ha dedicado a Pedro Delgado en su amanecer y ocaso en el Tour de Francia, Carlos de Andrés realiza una entradilla al uso que vista en perspectiva es peligrosa. Afirma que el ciclismo que rodeó a Perico enganchaba. Era un ciclismo visceral, de ataque. Era la época de Marino, Arroyo, el propio Perico. Como digo, ese comentario, escuchado ahora es complicado asimilar gratuitamente. Es más, nos lleva a una pregunta: ¿Qué ciclismo queremos? O si lo prefieren, y generalizando: ¿Qué deporte queremos?

No olvidemos que el documental de Perico empieza con el Tour de 1983, una edición mágica que para muchos marcó la modernidad de este deporte pero que arrojó varios positivos, entre ellos el del viejo Zoetemelk y dio material para libros como el de Laurent Fignon donde insinúa que a pan y agua era imposible acometer aquellas salvajadas. Hablamos de cronos que se iban a las dos horas de esfuerzo solitario.

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La trampa campó impune por el ciclismo por muchos años. La asunción de substancias entre los grandes nombres hizo que el “equilibro del terror” alimentase lo que con el tiempo se llamó omertá. Todo fue bien hasta que se vio que los resultados no siempre se correspondían con la calidad de sus autores. Se igualaban competidores de forma artificial. Se trucaba la competición.

Sin embargo con esa impunidad que creció el amaño en el ciclismo, el único deporte que sí ha hecho revisión de sus bodegas, se está ahora vilipendiando la leyenda y tradición que alimentó a muchas generaciones en días en los que el transistor narrando un ratito de Tour fue lo único que muchos tuvieron de placentero en un día. Eso, perdónenme, no es justo.

Y no lo es por que la doble moral que nos enerva en política, sociedad y economía, es exactamente la que se aplica al deporte. Reconociendo que las catacumbas de este deporte son infectas y rebosan podredumbre, no es menos cierto que la trampa es generalizada, mucho más allá del ciclismo, que se admite por doquier e incluso se alaba dependiendo quién la protagonice. Recuerdan la “mano de Dios”, ahí no hubo dopaje pero sí manipulación expresa de un resultado futbolístico. Queremos rearbitrar la historia del ciclismo, revisar sus héroes, perfecto, háganlo, pero también con el resto del deporte. Pongamos todo patas arriba, jodamos el Negocio.

Por eso, antes de juzgar con una falsedad repugnante los casi doscientos ciclistas que partirán de Córcega el sábado, convendría un examen de conciencia y preguntarse qué entendemos por deporte y por salud y qué queremos ver cuando nos disponemos a fundirnos un par de cervezas viendo la tele.

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