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El ciclismo que escribió nuestras vidas

Ciclismo antiguo

El ciclismo que escribió nuestras vidas

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Ahora que no nos lee nadie quiero contaros una historia personal. ¿Recordáis el Mundial de Colombia?, sí el de Duitama. Con aquella subida infame, dura, horrible. Se llamada la del Caracol, o quizá del Cogollo. Disculpad mi falta de precisión. Han pasado un porrón de años. Fue en 1995, el primer fin de semana de octubre. Horario nocturno, prime time. Ganó, cómo no acordarse, Abraham Olano. Poco después Miguel Indurain cerró la escapada perseguidora. Firmó la plata. Ese día un servidor empezó a flirtear con la que hoy es su esposa.

Siempre lo recuerdo. En conversaciones amistosas, momentos de sobremesa. ¿Cuánto hace que os conocéis? Desde entonces respondo. Relato que entró con la rueda pinchada, el empañamiento de la mirada, de mi mirada. Ello levanta una irónica respuesta, una cómplice sonrisa. ¿Es posible que te acuerdes del día por las bicicletas, por el ciclismo? Pues es posible.

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En una céntrica tienda de bicicletas barcelonesa, el ambiente se tiñó de fino chirimiri para abrigar el donostiarra “prota” de la tarde. Presentado por el incombustible Gerard Fuster, el propietario de una bici regalada por el mismo Fausto Coppi, siempre nos lo cuenta, Ander Izaguirre nos habló de su obra “Plomo en los bolsillos” o más bien, aprovechó la misma para pasar un original y extraordinario rato hablando de ciclismo a retales e historias inconclusas e inconexas. Todas entono a ese puñado de papeles garabateados que un día fue la revista Sprint posterior al Tour del 83. La sala en silencio, abarrotada de barbudos cerveza en mano. Silencio se habla.

La seducción ciclista de Ander arrancó de muy joven. Dado que ambos compartimos casi idéntica cantidad años pululando por este mundo, sus raíces sobre ruedas son contemporáneas a las de un servidor. Ander recordó cómo en él anidó el fervor por el ciclismo. Marcó incluso una fecha del mes de julio de 1986 por que fue el día después de la victoria de Peio Ruiz Cabestany en el Tour de Francia. “¿Pero viste lo que hizo Peio ayer?” chillaba a su amigos camino de sus colonias de aquel verano. Los otros pasaban bastante.

Sí. Grabó a fuego la fecha de ese viaje por ser el día después del gran éxito de Peio. Otra confidencia. Poco después, el ciclista corrió la Volta a Catalunya, en la Plaza de Sants, allí donde se inauguró un enorme monumento al ciclista en lo que hoy llaman plazoleta de Miquel Torres, uno de los mentores de la carrera, un servidor se hizo una foto con el entonces portador de la mítica casaca del Orbea. Como Ander poco antes en la Clásica de San Sebastián. 600 kilómetro, una misma pasión.

Por que como el propio Ander sugirió, el ciclismo es para muchos nuestro carbono 14, ese rastreo genético y propio de nuestro pasado, que graba y clava pasajes, los instala en nuestro álbum vital y los eterniza en la conciencia. Ahora haced memoria, relacionad. Quizá a través de las dos ruedas, de lo que han dado de sí os acordaréis de lo mucho que este deporte ha significado en vuestro hilvanado vivencial.

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