El ciclismo según Nibali & Bardet

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En este serial, triste, pero necesario, en el que repasamos las causa de este ciclismo más anodino, previsible y carente de atractivo que a veces toma las mejores carreras, nos vienen a la mente apodos como Pirata, Diablo o Tejón para recordar ciclistas que se dejaban la piel, y algo más, no sólo para lograr el triunfo y sí para dejar su sello en la historia.

Durante pleno Tour, Jordi Escrihuela nos los trajo a la mente y ciertamente muchos expresaron su anhelo de aquellos ciclistas capaces de armarla de lejos y bien, aún a riesgo de morir, deportivamente hablando, en el intento.

Hoy, en este pelotón de innovaciones, cuadros psicodélicos y cámaras a bordo, vendidas como si fuera el descubrimiento de la pólvora, se cuentan con los dedos de la mano los ciclistas que quieren poner sello y alma a su obra. No podemos obviar Alberto Contador, que sin embargo en este Tour corrió en un “quiero y no puedo”, ni tampoco las clásicas de Cancellara, Boonen y cía. Incluso Peter Sagan se ganó el corazón del respetable, y eso sin ganar. Como a Poupou, le cogieron cariño por ser eterno segundón. “Cuanto le quisimos” leí el otro día en una revista gabacha sobre el eterno Raymond.

Sin embargo centramos el tiro en el Tour que hicieron dos ciclistas de aspiraciones mayúsculas pero resultados lejanos a las mismas. Vincenzo Nibali no fue nunca el de 2014, cuando incluso con Froome y Contador en carrera, se mostró fuerte y seguro. Rápidamente, desde el inicio, quedó claro que aspirar a renovar la corona iba a ser una quimera. Sin embargo, el siciliano se rehizo, no sabemos cuánta culpa pudo tener Vinokourov en ello, y acabó ganando una etapa y aliñando cada momento importante de carrera con un golpe de pedal que podría haberle llevado al podio de no haber sido por el pinchazo de Alpe d´ Huez.

Similar lectura ofreció Romain Bardet, un tipo joven y muy inteligente, que destila uno de los márgenes de mejora más grandes que apreciamos en el pelotón. El del AG2R venía con el pasado Tour en la retina y una exigencia que, en el país vecino, roza lo insoportable.   Bardet cayó del grupo de los mejores rápido pero en la tercera semana dio un recital de descenso para ganar la famosa etapa que inauguró los Lacets.

Así se escribe el ciclismo también, con actuaciones que demuestran margen de maniobra. Al final los dos acabaron el top ten. Otros para entrar ahí lo sacrifican todo y correr pegados al culo de los grandes hasta que estos deciden abrir gas. Son formas de hacer ciclismo, pero el de Nibali y Bardet se asemeja a aquel que creemos le dará un mejor futuro a este deporte.

Imagen tomada del Facebook del Tour de Francia

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3 COMENTARIOS

  1. Nos hace falta algo de anarquía, sí, a ese estilo de los años 80 y 90: de Arroyo, que con poco que le dijeras entraba al trapo; Chiapucci y su inconformismo, pero, sobre todo, de grandes corredores que muchos kilómetros antes de meta buscaban la gloria, sí, tipo Sagan, como Kelly, Anderson, Roche, Fignon (q.e.p.d.), Bugno, Tchmil, Musseeuw, Criquielion (q.e.p.d.), Bartoli, y un largo -o quizá no tanto- etcétera, fuera en solitario o en una fuga, aunque no se ajustara completamente a sus características. Sí, de acuerdo que no todos iban “limpios”, ¿y cuál es el punto, la épica o la hipócrita moral de los que no ven que este deporte es también espectáculo y resultados para el sponsor?

    • es que todo va a parar a esos equipos cargados de buenos corredores que bloquean el espacio de improvisación. Sobre lo de limpios o no, corramos un tupido velo porque opinamos sin saber

  2. […] En la bota surgieron voces discrepantes sobre el dogma de los hombres de negro, voces que hablaban de pasión, de entrenamiento por sensaciones, de leyenda y de tradición. Recuerdo a Paolo Bettini hablar en ese tono, también a Vincenzo Nibali, ganador de la Vuelta de 2010, el año del estreno del Sky. El ciclista, al calor de su Sicilia natal, entendía todo esto como algo más que números, vatios y rendimientos. […]

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