El ciclismo, un deporte genuinamente televisivo

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La televisión fue sin lugar a dudas el trampolín mágico con que contó la comunicación visual, un hecho sumamente eficaz, sorprendente y hasta instructivo a favor de los aficionados al deporte de las dos ruedas e incluso de los que no lo eran. La ventana de la televisión es un medio que se cuela en todos los hogares de nuestro globo con una facilidad asombrosa, imparable. La televisión fue y es un medio asequible y a la vez atractivo para poder contemplar muy de cerca y en directo las emociones que nos  brinda el deporte de la bicicleta. Quién más y quién menos se inclina pasmosamente ante este artilugio cúbico que se ha introducido en todos los ambientes de la sociedad. El deporte se ha valido mucho de este medio informativo de amplia divulgación. No podemos decir otra cosa.

La televisión en el ciclismo

Las primeras retrasmisiones fueron difundidas en diferido, dado que no se poseían medios suficientes para darlas en directo. Las primeras imágenes difundidas se remontan a aquella ascensión a la montaña mítica del Alpe d´Huez, en el Tour del año 1952, cuyo protagonista del espectáculo no fue otro que el italiano Fausto Coppi, el portentoso campeón de otros tiempos que venció de manera admirable al que fue su contrincante más directo, el francés Jean Robic.  

También se realizaron otros reportajes similares, por ejemplo, al día siguiente, en Sestrière. Más tarde se transmitieron las imágenes en la ascensión al temible Puy de Dôme. Al cabo de tres años, ya se emitieron sendos reportajes en directo cara al gran público, que poco a poco fue cautivándose de aquel ciclismo tan lleno de emociones y de vivacidad. Aquellos acontecimientos transmitidos a distancia fueron un eslabón que colmó las ilusiones de muchos que ya no consideraron indispensable el tener que desplazarse a un punto de la carretera,  o en la misma meta para presenciar la acción deportiva sobre las dos ruedas de los corredores participantes. En nuestro caso nos centramos en el Tour de Francia, la prueba de más prestigio del calendario internacional.

A través de aquella atractiva caja mágica, se aprovechó el tema ciclista para difundir a través de sus antenas algunos sugestivos paisajes y monumentos históricos por donde transitaba la caravana multicolor de ciclistas. Se introdujo en el campo puramente turístico, un hecho que valía la pena motivar y difundir en el corazón de las gentes.

Personalmente recuerdo haber contemplado con anterioridad algunas pioneras imágenes, en blanco y negro, en transmisión algo difusa, la conocida prueba ciclista corrida tras motocicleta titulada Roma-Nápoles-Roma, por etapas. Viendo el espectáculo, lo conservamos muy presente en nuestras mentes. Nos fascinó en gran manera. Hoy como es natural no nos llaman tan poderosamente sus imágenes y sus bellos paisajes. Estamos acostumbrados a la pantalla como la cosa más natural del mundo.

En aquellos tiempos los avances técnicos y la tecnología introdujeron como novedad en el Tour: la “foto-finish”, es decir, ya no habrían más dudas por parte de los árbitros para establecer el orden de llegada de un apiñado pelotón de corredores en la línea de meta, amparados por el vértigo de la velocidad. La fidelidad de la película no daba opción ni a discrepancias, ni a dudas. Los jueces quedaron desde entonces en un plano más bien secundario, en una labor más bien burócrata. Una conquista más en aras al ciclismo y a otros múltiples deportes.

Como punto final podemos afirmar que cualquier aficionado podía hablar o dialogar con sus amigos con más énfasis y más criterio acerca de  lo que había  contemplado a través de la caja televisiva, sentado cómodamente en el sillón de su casa, sin tener que desplazarse a tal punto o a tal otro de la carretera.

Por Gerardo  Fuster

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