El ciclista, antes que ciclista, es persona

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El pasado viernes pude asistir a la presentación del libro de Jordi Mariné. Para quienes no le conozcan, pues beben de la contemporaneidad del ciclismo, cabe recordar la condición de ciclista de cierto renombre de Jordi Mariné allá por los años cincuenta y sesenta. Luego pasó por diferentes etapas, todas hilvanadas por la gestión de su negocio de bicicletas, actualmente repartido entre Tarragona y Cambrils, para llegar a ser presidente de la Federació Catalana de Ciclisme en el periodo comprendido entre 2000 y 2004.
El libro de Mariné habla bien a las claras de ese perfil renacentista que esta persona del mundo que tuvo a bien ser ciclista siempre ha querido cultivar. No es una biografía al uso, el paso de las páginas responde a diversos capítulos, no siempre conexos, de la vida de este hombre consagrado a la bicicleta. Jordi Mariné recuerda una y otra vez que el ciclista nace y se hace, pero que su universo va mucho  más allá del regalado por la caravana y el pelotón.
La suya es una posición que llevo años madurando, desde el momento en que me dio por inmiscuirme en este mundillo. Con grabadora en ristre, micros en ocasiones, por teléfono en otras, mi conversación ha alcanzado un número indeterminado de ciclistas de toda condición y pelaje. Siempre una pregunta común: “¿Estudias? ¿qué estudias?”.  He hablado con bikers, pistards, ruteros,… he admirado la limpieza del discurso de algunos, detestado la brevedad en la respuesta de otros,… pero en todos detectas una persona, un ego cuyo perfil auténtico, el emocional, el substancial, se disimula entre maillots, culottes o dorsales. Siempre recuerdo a Pedro Horrillo asegurándome que su carrera de filosofía no le dio trabajo pero sí las luces para gestionar malos momentos, que en ciclismo hay muchos. Aquello me lo dijo en plena vorágine por el positivo de Roberto Heras en la Vuelta 05, un punto de inflexión para muchos profesionales del gremio.
Y es que el ciclista es fuerza bruta inversamente proporcional a criterio. En ocasiones aprecias ciclistas cuyo despoblado palmarés resulta intrascendente por que siguen y siguen corriendo en pros mientras otros apadrinan subidones, y posteriores caídas, propias de turbulencias bursátiles. Ahora que tanto se ha ahondado en la figura de Juanjo Cobo, de su depresión, quizá fuera un buen momento para reparar en ello, juzgar con el temple que merecen no sólo las acciones sino sus circunstancias y ver que en todo profesional hay un camino, una estela y muchas ilusiones rotas…  

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